Donald Trump ha llevado la presión contra Cuba a su punto más alto con una orden ejecutiva que declara al régimen comunista una «amenaza inusual y extraordinaria» para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos.
La medida … establece un sistema de sanciones comerciales contra terceros países: Washington podrá imponer aranceles adicionales a cualquier Estado que venda o facilite petróleo a Cuba, directa o indirectamente. Es un mecanismo de castigo extraterritorial, diseñado para cortar el flujo energético hacia la isla y obligar a sus socios a elegir entre comerciar con Estados Unidos o abastecer al régimen cubano.
La decisión llega en un momento especialmente delicado para La Habana, golpeada por el corte del suministro de crudo venezolano, del que dependió durante años para sostener su economía. Gran parte del petróleo procedente de Venezuela, que durante décadas fluyó como arteria política y estratégica entre ambos regímenes, se ha convertido ahora en el centro de una ofensiva diseñada para estrangular al sistema cubano desde fuera.
La Casa Blanca presenta el movimiento como un salto cualitativo, afirma que no se trata solo de sanciones tradicionales, sino de activar poderes de emergencia para imponer aranceles punitivos a importaciones procedentes de cualquier país que suministre petróleo a Cuba, incluso mediante intermediarios. Trump busca así internacionalizar el cerco económico y convertir la energía en el eje de su estrategia.
En el texto del decreto, Trump acusa directamente al Gobierno cubano de alinearse con Rusia, China e Irán y de dar cobijo a organizaciones como Hamas y Hezbollah. La orden afirma que Cuba «acoge peligrosos adversarios» e invita a que instalen capacidades militares e inteligencia que «amenazan directamente» a Estados Unidos. Entre las acusaciones más graves figura la referencia a que la isla alberga «la mayor instalación de inteligencia de señales de Rusia en el extranjero».
El golpe económico llega además tras la muerte de cubanos en la operación en Venezuela que culminó con la captura de Nicolás Maduro. La Habana confirmó que decenas de miembros de sus servicios militares y de inteligencia murieron durante la acción. Trump lo subrayó públicamente, presentándolo como prueba de hasta qué punto Cuba estaba implicada en la defensa del chavismo, no solo como aliado ideológico sino con presencia directa sobre el terreno.
El mecanismo de la orden ejecutiva es preciso. El secretario de Comercio deberá determinar qué países venden o suministran petróleo a Cuba. Después, el Departamento de Estado, en coordinación con Tesoro, Seguridad Nacional y el representante comercial, decidirá si se imponen los aranceles y en qué grado. Trump se reserva además la facultad de modificar la medida si hay represalias o si el régimen cubano adopta pasos que Washington considere suficientes para alinearse con sus intereses.


