El presidente Donald Trump aseguró este jueves que Irán «regaló» a Estados Unidos diez grandes cargueros de petróleo al permitir su paso por el estrecho de Ormuz, y presentó ese movimiento como una señal de apertura en las negociaciones para frenar la guerra. «Para … que vean los hechos, ocho grandes petroleros pasaron por el centro del estrecho hace dos días, cargados de crudo», dijo durante la reunión del gabinete en la Casa Blanca, donde sostuvo que aquel tránsito no fue casual, sino un regalo a EE.UU., una concesión directa de Teherán a Washington. Según añadió, después de esos ocho primeros buques, «enviaron dos más», lo que, a su juicio, confirma que el régimen iraní está buscando una salida.
Trump relató ese episodio como un gesto con carga política, casi como una prueba material de que la presión militar y diplomática está dando resultado. Dijo que en ese momento no se entendió del todo el alcance de lo ocurrido, pero que después la Casa Blanca interpretó el paso de esos petroleros como una muestra de que Irán quiere avanzar hacia un acuerdo. En su versión, Teherán no sólo permitió el tránsito, sino que lo hizo como una señal hacia Estados Unidos en medio de los contactos indirectos abiertos para explorar una desescalada.
Ese relato encaja con la tesis que Trump viene defendiendo desde hace días: que Irán está bajo una presión creciente y busca una salida sin admitirlo públicamente. El lunes 23 de marzo, el presidente lanzó un ultimátum de cinco días para que el régimen reabriera completamente el estrecho de Ormuz y aceptara negociar. Ese plazo vence este sábado 28 de marzo. Antes había amenazado con atacar infraestructuras eléctricas iraníes en 48 horas, pero suspendió esos bombardeos para dejar una ventana a la diplomacia.
El dilema de uranio
En ese esfuerzo, el enviado especial Steve Witkoff explicó este jueves que, en las conversaciones mantenidas antes de la guerra, los negociadores iraníes insistieron en que tenían un «derecho inalienable» a enriquecer uranio. Según Witkoff, esa posición convenció a Washington de que el régimen no había dado a su delegación autoridad real para cerrar un acuerdo. Añadió además que Irán dispone de 460 kilos de uranio enriquecido al 60%, una cantidad que, según el cálculo de la administración, bastaría para fabricar once bombas atómicas. Para el entorno de Trump, ese dato demuestra que la amenaza nuclear sigue intacta.
Pese a ello, la Casa Blanca no ha cerrado la vía diplomática. Witkoff confirmó que Washington ha remitido a Irán una propuesta de 15 puntos a través de Pakistán, país que actúa como mediador. El plan aborda, según ha trascendido, el programa nuclear iraní y su capacidad misilística, y forma parte del intento estadounidense de ofrecer una salida pactada antes de que expire el ultimátum. Funcionarios de la administración trabajan incluso en una posible reunión este fin de semana en Pakistán.
El problema para Trump es que Teherán niega públicamente que exista una negociación en los términos que describe Washington. Pero el presidente insiste en leer cada gesto como parte de ese proceso. Y entre todos ellos, ha querido destacar uno por encima de los demás: esos diez petroleros que, según su versión, Irán «regaló» a EE.UU. como señal de que, al menos por ahora, prefiere hablar antes que seguir empujando la guerra.


