Las afrentas percibidas por Donald Trump por parte de socios de la OTAN, especialmente España, han llevado a la Casa Blanca a estudiar seriamente la salida de la Alianza, creada en 1949 para garantizar la defensa colectiva de Occidente tras la II Guerra Mundial. … El detonante es la negativa de varios países a respaldar la ofensiva contra Irán o a facilitar el uso de bases clave, como las de Morón o Rota, en un choque que eleva la presión sobre Europa y cuestiona por primera vez de forma directa el compromiso de Estados Unidos con el bloque atlántico.
El propio presidente lo admitió en una entrevista con The Telegraph: «Está más allá de reconsideración», dijo sobre la permanencia de Estados Unidos en la OTAN, en referencia a las conversaciones abiertas en la Casa Blanca sobre una posible salida tras el choque con varios aliados por la guerra contra Irán. «Nunca me convenció la OTAN. Siempre supe que era un tigre de papel, y Putin también lo sabe», añadió.
La OTAN ha sido, desde 1949, la pieza central de la seguridad trasatlántica. Nació con el Tratado del Atlántico Norte, firmado por 12 países de Europa y Norteamérica, como un pacto de defensa colectiva: si uno era atacado, los demás debían ayudarle. Ese principio, recogido en el artículo 5 del tratado, convirtió a Estados Unidos en el garante último de la seguridad de Europa occidental durante la Guerra Fría y en el ancla militar y política del vínculo entre ambas orillas del Atlántico.
En lo militar, sirvió para contener a la Unión Soviética y, después, para organizar la defensa común de sus miembros. En lo político, creó una esfera trasatlántica basada en intereses compartidos, coordinación estratégica y valores comunes.
El equipo de Trump espera someter la salida a revisión una vez haya dado por temrinada la misión bélica en Irán. Este miércoles, el presidente se dirigirá a la nación para informarla del avance de esa campaña.
Hoy no podría hacerlo por sí solo, sin chocar con una ley federal aprobada por el Congreso. Desde 2024, la ley estadounidense prohíbe al presidente suspender, terminar, denunciar o retirar a Estados Unidos del Tratado del Atlántico Norte salvo de dos formas: con el consentimiento de dos tercios del Senado o mediante una ley del Congreso. Además, prohíbe usar fondos públicos para ejecutar una retirada sin esa autorización.
Algunos juristas, eso sí, sostienen que un presidente podría intentar desafiar esa limitación alegando poderes propios en política exterior, pero entraría en una batalla legal y política de primer nivel.
Con el tiempo, la alianza dejó de ser solo un escudo de la Guerra Fría. Tras la caída de la URSS, siguió siendo el principal marco de seguridad europeo, intervino en la guerra de los Balcanes, activó por única vez el artículo 5 tras los atentados del 11 de septiembre y amplió su membresía hacia el este y el norte de Europa. Hoy tiene 32 miembros, después del ingreso de Suecia en marzo de 2024. España entró en 1982 y su permanencia fue ratificada en referéndum en 1986.
Por eso, cualquier duda sobre la permanencia de Estados Unidos en la OTAN tiene una carga histórica enorme, porque no afectaría solo a una alianza militar, sino al sistema de seguridad que ha estructurado la relación entre Estados Unidos, Canadá y Europa durante más de siete décadas.
Ya en su primer mandato Trump amagó con debilitar o vaciar de contenido la OTAN, pero entonces su presión tenía mucho de retórica negociadora sobre gasto militar y reparto de cargas. Ahora el salto es mayor: el enfado en la Casa Blanca es real y está ligado a una guerra concreta. Trump y Marco Rubio han vinculado abiertamente una posible revisión, e incluso salida, de la Alianza a la negativa de varios socios a secundar la ofensiva contra Irán y, sobre todo, a acudir a reabrir el estrecho de Ormuz cuando Washington lo pidió.
En ese malestar ocupa un lugar destacado España, primero por negar el uso de las bases de Rota y Morón para operaciones vinculadas a Irán y después por cerrar su espacio aéreo a aviones estadounidenses implicados en la guerra, dos decisiones que en Washington se leen como afrentas directas de un aliado dentro de la estructura atlántica.
El martes, Rubio, secretario de Estado, lanzó el mensaje clave que abre esta crisis. Dijo que Estados Unidos «tendrá que reexaminar» su relación con la OTAN una vez termine la guerra con Irán y calificó de «muy decepcionante» la falta de apoyo de los aliados durante el conflicto. Además, cuestionó el sentido mismo de la alianza si funciona como «una calle de un solo sentido», es decir, si EE.UU. defiende a Europa pero luego Europa niega bases, espacio aéreo o apoyo cuando Washington lo necesita. También puso en duda la utilidad de mantener bases militares en países aliados si no pueden utilizarse en una crisis como la de Irán.


