El Gobierno de Donald Trump insiste en el poder abrumador del ejército de EE.UU. en el teatro bélico de Oriente Próximo, pero no tiene esa contundencia sobre el escenario posterior, la situación de poder en Irán una vez conseguidos los objetivos militares.
La Casa … Blanca admitió este miércoles que el presidente de EE.UU. «considera activamente» qué papel tendrá la primera potencia mundial una vez que consiga esos objetivos: que Irán nunca consiga el arma nuclear, destruir su capacidad de misiles balísticos, destruir su armada y acabar con su apoyo a los grupos y milicias islamistas a los que financia en la región. Así lo expresó su portavoz, Karoline Leavitt, pero sin dar ninguna indicación sobre cuál será el papel de EE.UU. después, más allá de decir que es algo que Trump «discute con sus asesores y su equipo de seguridad nacional».
Es una posición que, aunque la Casa Blanca lo niega, ha cambiado desde el comienzo el pasado sábado de la campaña militar conjunta de EE.UU. e Israel contra Irán. Aquella mañana, Trump puso mucho énfasis en el cambio de régimen que la operación militar facilitará, animó a los iraníes a salir a las calles y tomar el poder cuando acaben los bombardeos, defendió que era una oportunidad única. Las noticias de la eliminación de buena parte de la cúpula de la República Islámica -en particular, su Líder Supremo, Alí Jamenei- respaldaban esa posición.
Ese objetivo, sin embargo, es sensible para buena parte del electorado en EE.UU. -en especial para las bases más leales de Trump-, hastiado de guerras interminables en Oriente Próximo que llegaban con la motivación de conseguir un cambio de régimen.
Desde entonces, las referencias al cambio de régimen han desaparecido en Trump y en su entorno. Leavitt insistió en que «ahora todo está centrado en asegurarnos del éxito rápido y efectivo de la Operación Furia Épica, minuto a minuto, hora a hora».
La portavoz de Trump no quiso opinar sobre la posibilidad de replicar el modelo de Venezuela, con la captura de Nicolás Maduro y la transición a una figura del régimen -Delcy Rodríguez- abierta a cooperar con EE.UU. El propio presidente, en las primeras horas tras el ataque, defendió que ese fue el modelo perfecto. Preguntada por la posibilidad de que el actual presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, pudiera ser esa figura, Leavitt rehuyó responder: dijo que era una «hipótesis» de la que no había hablado con Trump.
Leavitt ni siquiera se animó a decir qué determinará que EE.UU. ha ganado, que se ha logrado la victoria. «La victoria será determinada por el comandante-en-jefe», dijo en referencia Trump.


