La tregua de cinco días anunciada por Donald Trump esta semana para intentar un final dialogado a la guerra de Irán está en medio de realidades contrapuestas: por un lado, el presidente de EE.UU. defendió este martes que los iraníes «están desesperados por … llegar a un acuerdo» y que «han acordado que nunca tendrán un arma nuclear», la exigencia central de EE.UU.; pero, por otro, las fuerzas militares iraníes, pese a estar muy deterioradas tras tres semanas y media de guerra, siguen lanzando ataques contra Israel y países de la región aliados de EE.UU., sus líderes niegan la existencia de diálogo y se comprometen a «luchar hasta la victoria completa».
En su estilo hiperbólico, Trump aseguró desde el Despacho Oval que EE.UU. ya ha ganado la guerra. «No me gusta decirlo, pero ya hemos ganado esto, esta guerra la hemos ganado», dijo, en una nueva muestra de su hambre por dar el conflicto en Oriente Próximo por finiquitado. El interés del presidente de EE.UU. es acabar con una guerra que es impopular, que ha abierto fracturas en su coalición electoral -y los republicanos se juegan sus mayorías en el Congreso en otoño-, que enfada a los votantes cuando van a la gasolinera y ven el galón de combustible a casi cuatro dólares (estaba por debajo de tres antes de la guerra).
Pese a las negativas de los iraníes, Trump aseguró que ambos países están negociando. «Están hablando con nosotros, y están hablando con sentido», dijo el presidente de EE.UU. que volvió a negarse a decir cuál es su interlocutor en las negociaciones. Pero afirmó que los iraníes «han acordado que nunca tendrán un arma nuclear», que es la razón principal -en medio de la confusión de razones y justificaciones que Trump y sus altos cargos han aireado para emprender la guerra- de la operación conjunta contra Teherán.
Llegó incluso a decir que ya hay «cambio de régimen» en Irán, otra de las razones que Trump expuso para la guerra cuando anunció los ataques el pasado 28 de febrero y animó a la ciudadanía iraní a salir a la calle y «tomar el poder» cuando acabaran los bombardeos. Claro que el cambio de régimen al que él se refiere es que han eliminado a varios niveles de altos cargos, desde el Líder Supremo, Alí Jamenei, hasta el jefe del Consejo de Seguridad, Ali Larijani.
También aseguró, con mucho misterio y sin querer aclarar nada, que sus interlocutores iraníes en las negociaciones «nos han dado un gran regalo», que vale «mucho dinero», que tiene que ver con «el petróleo y el gas» y con la reapertura del estrecho de Ormuz. «Esto quiere decir que estamos hablando con la gente adecuada», dijo sobre las negociaciones.
Trump insistió en que hay negociaciones, pese a las negativas de los iraníes que parecen estar ahora en la cúpula de la República Islámica, como el presidente del Parlamento, Mohamed-Bagher Ghalibaf. Aseguró que en las conversaciones están involucrados sus dos negociadores principales -su amigo Steve Witkoff y su yerno, Jared Kushner-, además del secretario de Estado, Marco Rubio, y el vicepresidente, J. D. Vance.
Plan de 15 puntos y alto el fuego
En la víspera, Trump habló a la prensa de la existencia de un plan «de 15 puntos» en el que Irán estaba mayormente de acuerdo. De ese plan no hay grandes detalles, más allá de que incluyen las exigencias de EE.UU. desde el principio de la guerra, como poner coto a su programa nuclear y a su programa de misiles. Tampoco se sabe si Israel va de la mano con ese plan.
El plan ya ha sido enviado a Irán, según ‘The New York Times’, mientras que Witkoff y Kushner buscan que su negociación vaya acompañada de un alto el fuego de un mes, según el medio israelí Canal 12. Esto sería un modelo paralelo al de la negociación exitosa en Gaza para el alto el fuego y la liberación de rehenes acordado con Israel.
Ese alto el fuego podría ir en contra de las intenciones del Gobierno de Benjamin Netanyahu, que prefiere mantener las operaciones militares para forzar un acuerdo favorable con Irán.
Pakistán se perfila como mediador
Los iraníes no admiten nada, pero hay movimientos diplomáticos entre bambalinas, protagonizados por países que tienen una relación estable tanto con Washington como con Teherán. En los últimos días, y sobre todo tras el ultimátum de Trump de 48 horas parar que Irán reabriera Ormuz, países como Turquía, Egipto y Pakistán realizaron contactos para establecer diálogos indirectos. En especial, ha ganado peso la posibilidad de que Pakistán acoja un encuentro entre negociadores estadounidenses e iraníes en los próximos días.
Incluso el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, habló por teléfono con el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, alentó la posibilidad del encuentro y escribió en redes sociales que su país «da la bienvenida y apoya plenamente los esfuerzos en curso para impulsar el diálogo y poner fin a la guerra en Oriente Próximo, en interés de la paz y la estabilidad en la región y más allá». Trump compartió en sus redes sociales este mensaje con la invitación de Sharif.
Sin embargo, la desconfianza de Irán hacia la vía de diálogo abierta por Trump es evidente. Su embajada en Pakistán reaccionó en redes sociales que «la solicitud de negociaciones de EE.UU. es otro intento de engaño para recuperarse, encontrar lagunas y preparar el terreno para intensificar de nuevo los ataques». Desde Teherán, fuentes iraníes aseguraban a ‘The Wall Street Journal’ que consideran que la negociación es una estrategia de Trump para bajar los precios del petróleo -lo que ocurrió tras el anuncio de la tregua- antes de volver a atacar. EE.UU. ha iniciado sus dos campañas militares recientes contra Irán -la actual y la de junio del año pasado para deteriorar su programa nuclear- en medio de diálogos diplomáticos.
Presiones de Arabia Saudí para seguir la guerra
Mientras unos tratan de engrasar el diálogo, otros apuestan por persistir en la guerra. Es el caso de Arabia Saudí: según ‘The New York Times’, el príncipe heredero Mohamed Bin Salman, está presionando a Trump para que no deje la tarea a medias y desmantele por completo el régimen iraní. Para el líder saudí, la actual guerra es una «oportunidad histórica» para recomponer Oriente Próximo, desestabilizado en buena parte por Irán y las actividades de las milicias que apoya en la región, como Hizbolá, Hamás o los hutíes de Yemen. Esto está en la línea de la estrategia de fondo de Trump, que busca un Oriente Próximo basado en la prosperidad económica, con relaciones diplomáticas entre Israel y sus vecinos, un marco en el que el gran obstáculo es la teocracia iraní.
Trump fue preguntado al respecto por esos contactos con Bin Salman y no negó que ese fuera el contenido. «Es un guerrero, está luchando con nosotros», dijo del heredero saudí.
Trump insiste en la superioridad militar de EE.UU., en que la guerra está ganada y en que Irán no tiene nada que hacer. Pero su ejército prepara el envío de más soldados a la guerra de Irán. Varios medios estadounidenses aseguran que el Pentágono va a desplegar un contingente de unos tres mil efectivos de un cuerpo aerotransportado de elite, especializado en operaciones sobre el terreno. Se sumarán a los cerca de cinco mil marines dedicados al asalto anfibio que ya están de camino.


