Tanques de almacenamiento de agua o bombas de tiempo

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El colapso de un tanque de almacenamiento de 1.8 millones de galones en el sector La Capitalita, en Nagua, el pasado 24 de marzo de 2026, puso de nuevo en el centro del debate una infraestructura que suele pasar desapercibida. El incidente se suma a otro ocurrido en Consuelo, San Pedro de Macorís, en noviembre de 2025, y pone en cuestionamiento el estado se encuentran los tanques de agua en el país y qué tanta preparación poseen los sistemas para evitar fallas mayores.

Aunque en ninguno de los casos se registraron víctimas, los daños materiales evidencian el potencial de riesgo.

En Nagua, cinco viviendas resultaron afectadas; en Consuelo, diez. La diferencia respecto a décadas anteriores no es que tan a menudo ocurran los eventos, sino los lugares en dónde se encuentran. Hoy estos tanques conviven con comunidades mucho más pobladas, lo que implica que cualquier falla, por simple que resulte, se magnifica. 

Diario Libre consultó con varios expertos en la materia sobre las posibles causas de estas explosiones, así como con la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (Caasd) con respecto a los tanques que pertenecen al Gran Santo Domingo. También realizó un recorrido por distintas locaciones para determinar el estado en que se encuentran estas estructuras.

Al cierre de esta publicación, el Instituto Nacional de Aguas Potables (Inapa) no había confirmado la solicitud de entrevista a sus directivos, a pesar de varios intercambios con representantes del Departamento de Comunicaciones

Problemática

Tras la explosión en Nagua, Inapa atribuyó el hecho a una “falla estructural” y explicó que el tanque estaba programado para mantenimiento el 26 de marzo, apenas dos días después del colapso, como parte de la “práctica habitual de la dirección provincial”. La institución informó además que implementaría un sistema de abastecimiento alterno mediante camiones cisterna y un bypass para restablecer el servicio.

El depósito —construido entre 2004 y 2008 por Odebrecht— tenía una “vida útil estimada de 20 años”, lo que sugiere que ya se encontraba en una etapa de desgaste.

Sin embargo, la coincidencia entre la programación de mantenimiento y la falla reaviva dudas sobre si estos eventos responden a casos aislados o a problemas más estructurales en diseño, supervisión o gestión.

A esto se suman reportes de tanques en condiciones deficientes en localidades como Pimentel, San Francisco de Macorís, Monte Plata y Bayaguana, donde incluso el acueducto no cubre toda la demanda.

Para Luis Salcedo, asesor de operaciones de la Dirección General de la Caasd, el problema es identificable.

“Los que presentan mayores dificultades son los tanques metálicos y normalmente presentan filtraciones“, afirma. En el Gran Santo Domingo, la entidad supervisa 105 tanques, de los cuales 40 son metálicos y 65 de hormigón, distribuidos entre el Distrito Nacional y los municipios de Santo Domingo Norte, Este y Oeste.

Según explica, recibieron buena parte de los tanques metálicos de desarrolladores privados en proyectos como Ciudad Real 2, Carmen Renata 3, El Monumental o San Isidro Labrador, y suelen ser estructuras de menor capacidad.

En contraste, el mayor volumen de almacenamiento descansa en tanques de hormigón y, hace algunos años, en acero vitrificado.

Los más grandes se ubican en el kilómetro 9 de la autopista Duarte (cuatro estructuras de unos ocho millones de galones cada una, para un total de 32 millones).

Tanque en el KM9. (DIARIO LIBRE/ NEAL CRUZ)

A estos se suman otros en el Palmar de Herrera, con unos ocho millones más. No obstante, el sistema también arrastra entre 11 y 12 tanques metálicos están fuera de servicio, junto a otros de hormigón que dejaron de operar tras la entrada en funcionamiento del acueducto Valdesia-Santo Domingo. Algunos están en proceso de rehabilitación.

“El mantenimiento implica limpieza, inspección visual, revisar grietas si es de hormigón o el estado interno si es metálico”, explica Salcedo. Estas revisiones pueden realizarse cada tres o seis meses, mientras que los mantenimientos mayores en estructuras de concreto se extienden entre diez y 20 años. Aclara, además, que la vida útil no significa que la infraestructura deja de servir, “sino que puede no satisfacer la demanda para la cual fue diseñada”.

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No más metal

La Caasd asegura que reforzó sus mecanismos de control, incluyendo monitoreo continuo por personal operativo y el desarrollo de un sistema en línea para seguimiento en tiempo real.

También introdujo cambios normativos. “No estamos aceptando tanques metálicos“, afirma Salcedo, al señalar que estos requieren mantenimiento antes de lo previsto y suelen ocasionar más inconvenientes. En su lugar, se priorizan tanques de hormigón o de acero vitrificado, menos vulnerables a la corrosión.

Sin embargo, para Hamlet Otáñez, exdirector de la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santiago, los eventos recientes son apenas “la punta del iceberg”. A su juicio, el problema tiene raíces estructurales vinculadas a la inversión. “Menos del 20% del presupuesto se dedica a operación y mantenimiento, mientras más del 50% se va en nómina”, advierte.

En efecto, al revisar los presupuestos de instituciones como la Caasd, Diario Libre constató que el gasto en mantenimiento en diciembre de 2025 fue de RD$ 1.1 millones, frente a RD$ 302.3 millones en remuneraciones.

Para 2026, el presupuesto proyecta RD$ 57.8 millones en mantenimiento frente a RD$ 1,887 millones en nómina, una diferencia de 32.

En Inapa, la brecha es aún mayor. El gasto anual en mantenimiento en 2025 fue de RD$ 39.6 millones, mientras que las remuneraciones alcanzaron RD$ 2,319 millones. Para 2026, la relación proyectada supera las 44 veces.

“Es raro que una institución con activos de miles de millones dedique tan poco al mantenimiento”, sostiene Otáñez. Asegura que más del 90% de los tanques podría recuperarse con intervenciones de bajo costo, como recubrimientos epóxicos, revisión de pernos o ajustes de presión.

El problema, insiste, es la ausencia de un sistema sostenido. “De nada vale hacer operativos de emergencia si en el mediano plazo todo vuelve a lo mismo. Se necesita un sistema moderno, predictivo”.

Sobre el caso de Nagua, plantea varias hipótesis.

Desde una sobrepresión en el sistema hasta errores en la operación de válvulas que generen descompensaciones internas.

En el caso de Consuelo, señala que los tanques de acero suelen fallar en las juntas soldadas, debilitadas por corrosión. Incluso en estructuras más recientes, como las de acero vitrificado, las fallas pueden originarse en las uniones, donde pequeñas grietas derivadas de defectos de fabricación o transporte pueden escalar con el tiempo y hacer que los tanques lloren.

El profesor de hidráulica de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (Pucmm), Ricardo Hernández, explica que estos depósitos se diseñaron para garantizar presión y continuidad del servicio, incluso ante interrupciones.

Pero su estabilidad depende de condiciones específicas. “Los tanques tienen que ser ventilados. Si esa ventilación se interrumpe y el tanque se vacía, puede implosionar por diferencia de presión“, advierte.

También señala la corrosión —tanto galvánica como química— como uno de los principales enemigos de estas estructuras, especialmente en contacto con agua clorada.

A pesar de estos riesgos, Hernández evita el alarmismo. “No es cuestión de tiempo”, aclara, al referirse a la posibilidad de fallas generalizadas. Pero advierte que sin un plan sistemático de monitoreo, los eventos pueden repetirse. “Tenemos muchos tanques. Tal vez deberíamos echarle el ojo antes de que fallen”.

La gente

Desde las comunidades, hay un poco más de preocupación.

Organizaciones como Codonbosco, Centro de Educación para la Paz, Tolerancia y Desarrollo junto a la Asociación de Comités de Amas de Casas del Distrito Nacional y Santo Domingo denunciaron el deterioro visible de varios tanques en el Gran Santo Domingo. Su vocero, Alexis Rafael Peña, denuncia estructuras en condiciones precarias en áreas como el Moscoso Cuello, Luperón, Villa Mella, Villa Olímpica y Guaricanos. “No los vi en las condiciones que supuestamente la Caasd dice que están viables. Veo deterioro, no veo mantenimiento”, afirma.La respuesta institucional apunta a controles internos y seguimiento constante. “Toda nuestra infraestructura es sometida a un sistema de control sanitario que implica sacarla de servicio para inspección y desinfección”, sostiene Salcedo, quien insiste en que existe monitoreo permanente.

Periodista y docente universitaria, creadora de la columna Negrita Come Coco. Es exbecaria Fulbright y posee una maestría de la Universidad del Sur de la Florida. Entre sus coberturas se destacan historias sobre derechos humanos, migración, género y temas del Caribe.



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