La demencia es un síndrome caracterizado por el deterioro progresivo de funciones cognitivas, como la memoria, el pensamiento y la capacidad para realizar actividades cotidianas. No constituye una enfermedad específica, sino un conjunto de síntomas derivados del daño o muerte de neuronas y la alteración de conexiones cerebrales.
Los primeros signos incluyen olvidos recurrentes que interfieren con rutinas diarias, como desorientación en lugares conocidos, repetición de preguntas o dificultad para ejecutar tareas secuenciales. Los síntomas varían según el tipo de demencia, pero comúnmente abarcan:
– Fallos en la memoria reciente.
– Problemas de lenguaje, como dificultad para encontrar palabras o seguir conversaciones.
– Desorientación temporal o espacial.
– Lentitud en la toma de decisiones.
Además, pueden presentarse cambios conductuales y emocionales, como apatía, irritabilidad o ansiedad.
La demencia evoluciona en tres etapas:
1. **Fase temprana**: La persona conserva autonomía, pero muestra dificultades en la planificación, olvidos frecuentes de citas o medicamentos y menor capacidad para realizar múltiples tareas.
2. **Fase intermedia**: Aumenta la confusión, requiriendo asistencia para actividades como manejar medicamentos, desplazarse o gestionar finanzas. Puede presentarse desorientación fuera del hogar.
3. **Fase avanzada**: La dependencia es significativa, con deterioro en la comunicación, movilidad reducida, dificultad para alimentarse y mayor riesgo de complicaciones.
Entre las causas más frecuentes se encuentran:
– **Enfermedad de Alzheimer**: Afecta principalmente la memoria, el lenguaje y el razonamiento.
– **Demencia vascular**: Relacionada con problemas circulatorios cerebrales, se caracteriza por lentitud mental y dificultad para organizarse.
– **Demencia frontotemporal**: Provoca alteraciones en la conducta y el control social.
– **Demencia con cuerpos de Lewy**: Asociada a alucinaciones visuales y fluctuaciones cognitivas.
Para reducir el riesgo de demencia, se recomiendan las siguientes medidas preventivas:
– Control de la presión arterial y la diabetes.
– Actividad física regular.
– Evitar el consumo de tabaco y el exceso de alcohol.
– Mantener una vida social activa y estimulación mental.
– Cuidado de la salud auditiva.
La detección temprana permite descartar causas tratables y planificar apoyos necesarios. El diagnóstico incluye evaluación clínica, pruebas de memoria, análisis de laboratorio y, en algunos casos, estudios de neuroimagen.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**


