El sudor adquiere un olor similar al vinagre debido a la interacción entre bacterias presentes en la piel y componentes del sudor, especialmente en zonas como axilas e ingles. Las glándulas apocrinas, localizadas en estas áreas, producen un sudor más denso que contiene lípidos y proteínas. Al ser descompuesto por bacterias, se generan compuestos como el ácido propiónico, responsable del aroma ácido característico.
Factores como la humedad, el uso de ropa ajustada o telas sintéticas facilitan la proliferación bacteriana. La dieta influye en el olor: el consumo de ajo, cebolla, alimentos picantes, alcohol o cafeína puede intensificarlo. Dietas ricas en proteínas, la deshidratación o el estrés también modifican la composición del sudor.
En la mayoría de los casos, el olor está relacionado con hábitos cotidianos y puede mejorar con medidas como higiene adecuada, uso de ropa transpirable o ajustes en la alimentación. Si el olor persiste durante semanas, se acompaña de sudoración excesiva, irritación cutánea o síntomas como fatiga, sed intensa o cambios de peso sin causa aparente, se recomienda consultar a un profesional médico. Condiciones como hiperhidrosis, desequilibrios hormonales o enfermedades metabólicas —incluyendo diabetes, problemas hepáticos o renales— pueden alterar el olor corporal.
Para reducir el olor, se sugiere mantener una higiene diaria con especial atención al secado de pliegues cutáneos, utilizar prendas de materiales transpirables, aumentar la ingesta de agua y aplicar antitranspirantes o desodorantes.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**


