Yodo en la dieta: fuentes clave para la salud tiroidea

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La glándula tiroides requiere yodo para sintetizar hormonas que regulan el metabolismo, el gasto energético y la termorregulación. La ingesta diaria recomendada para adultos es de 150 microgramos (µg), cantidad que puede obtenerse mediante una dieta equilibrada. Personas con trastornos tiroideos o en tratamiento médico deben consultar a un especialista antes de modificar su alimentación.

Una deficiencia prolongada de yodo puede causar bocio, fatiga, sequedad cutánea o mayor sensibilidad al frío. Un exceso de yodo, especialmente por suplementos o algas, puede alterar la función tiroidea, particularmente en individuos con condiciones preexistentes.

Los alimentos de origen marino son las principales fuentes de yodo. Destacan mariscos como mejillones, almejas, berberechos y gambas, así como pescados como bacalao, salmón, atún y sardinas. Una porción de bacalao o un plato de almejas aporta una cantidad significativa del mineral.

La sal yodada es otra fuente accesible, aunque su consumo debe moderarse en casos de hipertensión o retención de líquidos. Los lácteos (leche, yogur, queso) y los huevos, especialmente la yema, también contribuyen al aporte diario. Verduras como acelgas, judías verdes, cebolla, ajo y remolacha, junto con frutas como la piña, ofrecen cantidades menores pero complementarias.

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Se recomienda incluir pescado o marisco entre dos y tres veces por semana, combinado con lácteos, huevos y sal yodada en dosis controladas. Pacientes con hipertiroidismo, nódulos tiroideos o bocio multinodular deben ajustar su ingesta bajo supervisión profesional.

Las algas (kelp, nori, wakame) contienen altas concentraciones de yodo, por lo que su consumo debe ser ocasional. Los suplementos de yodo o algas no deben consumirse sin indicación médica.

**REDACCIÓN FV MEDIOS**