Protocolo médico para tratar picaduras de medusa: pasos y precauciones

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Las picaduras de medusa generan dolor e irritación debido a la liberación de toxinas al contacto con la piel. Los síntomas varían según la especie de medusa y la duración de la exposición, lo que requiere una respuesta inmediata y estructurada.

Tras una picadura, se debe salir del agua para evitar mayor contacto con los tentáculos. La zona afectada debe lavarse con agua salada o suero fisiológico, evitando el uso de agua dulce, ya que esta puede activar células urticantes adicionales. Para retirar restos de tentáculos, se recomienda utilizar herramientas como pinzas, guantes o una tarjeta rígida, sin manipularlos directamente con las manos.

La aplicación de calor (agua a 43-45 °C durante 20 a 45 minutos) es un método efectivo para aliviar el dolor, siempre que no cause quemaduras. Posteriormente, se puede aplicar frío mediante hielo envuelto en un paño durante 15 minutos para reducir la inflamación. En casos de inflamación persistente, se pueden utilizar cremas con hidrocortisona al 0,5 % o 1 %, mientras que para el dolor local se recomienda lidocaína, siguiendo las indicaciones del prospecto.

Están contraindicados el frotado de la zona afectada, el uso de agua dulce, orina, alcohol, amoníaco, vendajes de presión o ablandadores de carne, ya que pueden agravar la lesión.

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Se debe buscar atención médica inmediata si se presentan síntomas como dificultad respiratoria, mareos, vómitos, palpitaciones, debilidad intensa o reacciones alérgicas generalizadas (urticaria en distintas áreas del cuerpo o hinchazón en rostro, labios o lengua). También es necesario consultar a un profesional si el dolor no cede con las medidas iniciales, la zona afectada es extensa o la picadura se localiza en áreas sensibles, como los ojos. Los grupos con mayor riesgo de complicaciones incluyen niños, personas con antecedentes alérgicos o aquellas expuestas a un contacto prolongado con la medusa.

**REDACCIÓN FV MEDIOS**