#Salud: ¿Qué dieta y buenos hábitos debemos adoptar cuando sufrimos una úlcera?

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Una úlcera gástrica o duodenal es una herida en la mucosa del estómago o del duodeno. A menudo se siente como ardor o dolor en la parte alta del abdomen, incluso por la noche. En muchas personas mejora al comer, como si el estómago “se calmara” por un rato.

Conviene aclararlo desde el principio: la úlcera no se cura solo con dieta. Hoy se sabe que la causa principal suele ser una infección por Helicobacter pylori (se asocia a la gran mayoría de úlceras duodenales y a buena parte de las gástricas). También influye el uso de antiinflamatorios (ibuprofeno, diclofenaco) y la aspirina. Aun así, comer de forma adecuada y ajustar hábitos reduce el dolor y ayuda a sobrellevar la crisis.

Lo primero es quitar el irritante: alcohol, tabaco y antiinflamatorios sin control médico

Antes de obsesionarse con “comer perfecto”, suele aliviar más retirar lo que irrita. El alcohol puede aumentar el ardor y conviene evitarlo por completo mientras haya síntomas. El tabaco también empeora el problema porque sube la secreción ácida y dificulta la cicatrización.

Además, los AINE y la aspirina pueden dañar la mucosa. Su efecto irritante puede prolongarse un tiempo tras suspenderlos, por eso no conviene ajustar dosis por cuenta propia. Lo razonable es consultarlo y preguntar si hace falta un protector gástrico si el médico mantiene el tratamiento. En paralelo, tratar la causa es clave, por ejemplo, confirmar y erradicar H. pylori cuando corresponde (a menudo se investiga con pruebas específicas y, según el caso, endoscopia).

¿Qué comer para aliviar el ardor sin complicarse?: alimentos suaves y efecto “tampón”

En plena molestia, suelen sentar mejor los platos simples, poco grasos y de textura blanda, porque irritan menos y se digieren con más calma. Por eso se recomiendan opciones como arroz, pan, avena, patata o batata, verduras cocidas (por ejemplo, zanahoria o calabacín) y proteínas magras a la plancha o hervidas, como pollo, pavo o pescado blanco. También ayudan las sopas suaves, los purés y las cremas de verduras sin nata, ya que entran fácil y no “pesan” en el estómago.

Con los lácteos conviene ser práctico. El yogur natural o los lácteos bajos en grasa pueden aliviar a algunas personas porque actúan como un pequeño “amortiguador” de la acidez, siempre que se toleren bien. Sin embargo, si notas que te aumentan el ardor o la hinchazón, mejor dejarlos unos días y volver a probar más adelante.

También suele funcionar priorizar lo cocido frente a lo crudo durante los días difíciles. Las ensaladas, los frutos secos o las semillas pueden resultar ásperos cuando hay dolor, aunque sean sanos en otras etapas. La idea no es comer sin sabor, sino evitar lo que raspa y lo que pesa, por eso suele ir mejor una verdura salteada suave o al vapor que una cruda, y una preparación simple que una con muchas salsas o grasa.

Foto Freepik

¿Qué suele empeorar los síntomas y por qué? Más que la acidez, importa la concentración

Muchos alimentos no causan la úlcera, pero sí disparan molestias. Un punto poco intuitivo es la concentración. A menudo molesta más un zumo cítrico que la fruta entera, y resulta más agresiva una salsa de tomate, una mermelada o un jugo “puro” que el alimento en su forma menos concentrada.

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También son desencadenantes frecuentes el café, incluso descafeinado, las bebidas con gas, el chocolate y las comidas muy grasas o fritas. Con las especias, el efecto suele ser variable: en cantidades normales no siempre dañan, pero a dosis altas pueden empeorar el dolor. Cada persona tiene su umbral.

Hábitos al comer que suelen dar alivio rápido: ritmo, calma y señales del cuerpo

El modo de comer influye tanto como el menú. Comer despacio, masticar bien y evitar la prisa reduce la carga del estómago y puede limitar el exceso de ácido. Además, comer en tensión suele empeorar la sensación de quemazón.

A algunas personas les va bien hacer raciones más pequeñas durante unos días, aunque no es obligatorio para todo el mundo. Si el ardor aparece por la noche, ayuda evitar cenas tardías y dejar un margen antes de acostarse. Un recurso simple es anotar qué se comió y cómo se sintió, para detectar desencadenantes personales.

En la práctica, la dieta y los hábitos son un apoyo, no un sustituto del tratamiento. Lo sensato es seguir control médico para ajustar inhibidores de ácido y, si procede, tratar H. pylori. Si aparecen vómitos con sangre, heces negras, pérdida de peso sin explicación, dolor intenso que no cede, mareo o debilidad, conviene consultar con rapidez.

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