#Salud: qué comer según tu grupo sanguíneo

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A una persona el café le sienta como un guante y a otra le revuelve el estómago. Con el pan, los lácteos o ciertos pescados pasa lo mismo. Esa diferencia alimenta la curiosidad por la dieta según el grupo sanguíneo (A, B, AB y O/0), una teoría popular asociada a James y Peter D’Adamo. La idea suena sencilla, casi como un mapa para evitar molestias, pero conviene decirlo desde el inicio, la evidencia científica no la confirma de forma sólida. Aun así, puede servir como punto de partida para observar hábitos y síntomas sin prometer milagros.

¿Qué propone la dieta del grupo sanguíneo y por qué genera debate?

La premisa central es que el tipo de sangre influiría en la forma de tolerar y digerir alimentos, con un papel destacado de ciertas proteínas de los alimentos (como las lectinas) y una lectura “evolutiva” de cómo habrían comido distintos grupos humanos. El debate aparece cuando se mira la investigación, revisiones amplias y estudios poblacionales no han encontrado pruebas fiables de que comer “según la sangre” mejore la salud más que una alimentación equilibrada para cualquiera. En la práctica, puede ser útil si ayuda a ordenar la compra y a cocinar más en casa; puede ser un problema si se usa para recortar grupos enteros sin necesidad, porque ahí asoman déficits y ansiedad con la comida.

Lo que sí puede explicar una mala digestión, más allá del grupo sanguíneo

Muchas molestias digestivas tienen causas más terrenales, intolerancia a la lactosa, sensibilidad al trigo o al gluten (en algunas personas), exceso de ultraprocesados, poca fibra, comer rápido, raciones grandes, estrés, mal sueño o poca hidratación. Si hay dolor fuerte, diarrea repetida, pérdida de peso, sangre en heces o anemia, lo prudente es consultar con un profesional y no fiarlo todo a una teoría.

Guía rápida de alimentos a favor y a evitar según cada grupo

Quien quiera probar este enfoque suele hablar de priorizar, evitar y limitar, con un tercer cajón de alimentos “neutros” que no cambiarían gran cosa.

Grupo O (0): proteína magra y vegetales, con cuidado con el trigo

Para el grupo O/0 se suele priorizar fruta y verdura, carnes magras y pescado o marisco, teniendo en cuenta que no todos los pescados y mariscos encajan igual. Se recomienda evitar el trigo, las bebidas con gas y el café. Se plantea limitar lácteos, huevos, maíz y otros cereales, sobre todo si aparecen hinchazón o pesadez.

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Grupo A, B y AB: perfiles más vegetales, mixtos y combinados

En el grupo A se empuja hacia un patrón más vegetal, con fruta, verduras, legumbres y cereales, algo de pescado en poca cantidad, y con menos protagonismo de la carne. También se sugiere evitar salados o ahumados y recortar lácteos, salvo opciones de soja, además de limitar trigo. En el grupo B el perfil es más mixto, con más margen para lácteos, huevos, carnes magras y hoja verde; a la vez, se desaconsejan mariscos, pollo, cerdo y embutidos, y se modera trigo, maíz, semillas y frutos secos. En el grupo AB se combina lo anterior con énfasis en pescado, lácteos y queso, frutas como uvas, piña, ciruelas y frutos del bosque, tomate y aceite de oliva; se evita harina de trigo, vinagre, carnes en conserva o ahumadas, embutidos y pimienta, y se limita pasta y carne roja.

Foto Freepik

¿Cómo probarlo sin caer en restricciones innecesarias?

Un enfoque sensato es tratarlo como un experimento breve y seguro. La persona puede elegir uno o dos cambios por semana (por ejemplo, reducir trigo o cambiar cenas muy pesadas por platos con verdura y proteína), sin tocar todo a la vez. Conviene mantener un mínimo de proteína, fibra y grasas saludables, beber agua y anotar señales simples, gases, hinchazón, ritmo intestinal, sueño y energía. Si se eliminan lácteos o cereales, es mejor planear sustitutos que cubran calcio, proteína y fibra. Cuando la gente nota mejoría, a menudo coincide con algo básico, menos ultraprocesados y más comida real, no con el grupo sanguíneo.

Volver a lo esencial suele dar pistas. La teoría del grupo sanguíneo es conocida, pero sigue sin respaldo fuerte; aun así, puede empujar a comer más simple y a detectar qué sienta mal. La clave está en ajustar por síntomas, actividad, objetivos y salud, y en pedir ayuda si las molestias no ceden. Al final, la mejor pauta es la que la persona puede sostener y que cuida su bienestar sin miedo a la comida.

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