Cuando una persona termina el tratamiento para Helicobacter pylori y vuelve a notar molestias, es normal pensar que “la bacteria regresó”. A veces es así, pero no siempre se trata de lo mismo. La reaparición suele describirse como recurrencia, y puede ocurrir por dos vías: porque la erradicación no se logró del todo (recrudescencia) o porque se adquiere una infección nueva (reinfección).
La buena noticia es que, en adultos y en entornos con buena higiene, la recurrencia tiende a ser baja. Aun así, conviene entender qué hay detrás para no perder tiempo y elegir el siguiente paso con criterio.
¿Qué significa que vuelva y por qué no siempre es lo mismo?
Cuando se habla de que el Helicobacter pylori “vuelve”, hay dos escenarios. El primero es el fracaso de erradicación, donde la bacteria nunca se eliminó por completo y vuelve a detectarse poco después. El segundo es la reinfección, cuando sí se eliminó y, tiempo después, se adquiere otra vez.
En revisiones de estudios en adultos, la recurrencia tras el tratamiento suele situarse en valores bajos, aproximadamente 1,75% a 3,5% en el primer año, y alrededor de 4% a 5% acumulado en tres años. Ese riesgo no se reparte igual en todos los lugares. En contextos con menos acceso a agua segura y peores condiciones sanitarias, la infección por Helicobacter puede ser mucho más frecuente.
Fracaso del tratamiento: lo más común cuando reaparece pronto
Si los síntomas vuelven en pocas semanas, a menudo el motivo es una erradicación incompleta. Influyen errores fáciles de cometer, como saltarse dosis, tomar los fármacos a horas muy variables, o abandonar por efectos adversos.
También pesa la resistencia a antibióticos. Fármacos usados durante años, como claritromicina o metronidazol, pueden fallar según la zona. Por eso, muchas guías priorizan esquemas más potentes en primera línea, como la terapia cuádruple con bismuto durante 14 días, que suele alcanzar tasas de éxito inicial por encima del 90% en distintos estudios.
Reinfección: más probable cuando hay agua o alimentos contaminados
La reinfección se relaciona más con el entorno y los hábitos. La bacteria se transmite por vía fecal oral, es decir, al ingerirse, por ejemplo, con agua no segura o alimentos mal lavados o manipulados. En un ejemplo clínico citado por un gastroenterólogo, en zonas sin agua potable la infección puede afectar a 70% a 80% de las personas, mientras que en lugares con alto nivel de higiene se observa en torno a 30% a 40%.
Como el Helicobacter puede estar en heces y saliva, compartir vasos o el contacto con saliva podría influir, aunque no ocurre en todos los casos.
Señales de alerta y cuándo sospechar que el Helicobacter pylori está activo otra vez
Los síntomas que pueden reaparecer incluyen dolor o ardor en la “boca del estómago”, náuseas, llenura precoz, gases o mal aliento. Si hay úlcera, el dolor puede ser más intenso. Aun así, esas señales no confirman la bacteria, también aparecen con reflujo, gastritis por antiinflamatorios u otras causas.
Conviene consultar pronto si hay vómitos persistentes, heces negras, pérdida de peso sin explicación, anemia, o dificultad para tragar, porque pueden indicar complicaciones que requieren evaluación sin demora.
El momento en que reaparecen los síntomas da pistas
Cuando el malestar vuelve poco después de terminar antibióticos, se sospecha más un fallo de erradicación o la ausencia de una prueba de control. Si aparecen meses o años más tarde, la reinfección gana peso, sobre todo si hubo exposición a agua o comida de riesgo. Aun así, el diagnóstico se confirma con pruebas, no solo por el calendario.
¿Cómo se confirma si volvió y qué se hace si la prueba sale positiva?
Sentirse mejor no basta. Se recomienda confirmar la erradicación con una prueba de control, como el test del aliento con urea o el antígeno en heces. La endoscopia suele reservarse para casos seleccionados, por ejemplo, si hay signos de alarma o dudas diagnósticas.
El control suele hacerse al menos 4 a 6 semanas tras terminar los antibióticos. El médico también puede indicar suspender temporalmente fármacos que alteran el resultado, como ciertos protectores gástricos, antes del test. Si la prueba sale positiva, lo habitual es cambiar el esquema y valorar la resistencia.
Cuando el tratamiento falla: la estrategia suele cambiar
El clínico suele evitar repetir los mismos antibióticos si ya fallaron. Tras dos fracasos, según disponibilidad, puede plantearse un estudio de sensibilidad. La adherencia importa mucho, completar dosis y avisar si hay efectos adversos permite ajustar sin abandonar.
¿Cómo bajar el riesgo de reinfección en la vida diaria?
La prevención se parece a cerrar puertas pequeñas. Ayuda usar agua segura (hervida o tratada si no hay potable), lavarse las manos con regularidad, limpiar bien frutas y verduras, y tener cuidado con comida de procedencia dudosa. Si alguien tiene diagnóstico activo, es prudente no compartir vasos o cubiertos. También reduce riesgos completar el tratamiento tal como se indicó, porque un esquema a medias deja la puerta abierta a la recaída.
La reaparición del Helicobacter pylori puede ocurrir, pero muchas veces se explica por un tratamiento que no logró erradicarlo o por resistencia. En otros casos, se trata de reinfección, ligada a agua, alimentos e higiene. Confirmar la erradicación con una prueba y consultar si vuelven síntomas o aparecen señales de alarma es la forma más segura de cortar el problema de raíz y evitar complicaciones.


