#Salud: ¿Puede el ejercicio ayudar a reducir la presión arterial alta?

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Cuando la presión arterial alta aparece, a menudo no avisa. Sin embargo, puede ir dañando poco a poco el corazón, los riñones y el cerebro. Por eso, bajar unos puntos no es un detalle menor, es una forma directa de reducir riesgo con el tiempo. El ejercicio suele ayudar, y no solo porque “pone en forma”. Al moverse con regularidad, el cuerpo aprende a manejar mejor la tensión en las arterias. Además, muchas personas notan un efecto extra: después de entrenar, la presión puede quedar más baja durante horas.

¿Por qué moverse baja la presión arterial y qué cambios ocurren en el cuerpo?

Con la práctica, el corazón se vuelve más eficiente. En otras palabras, necesita menos esfuerzo para bombear la misma sangre. Cuando el motor trabaja más fino, la presión en el sistema tiende a bajar.

También cambian los vasos sanguíneos. Con el movimiento frecuente, las arterias se vuelven más flexibles y ofrecen menos resistencia al paso de la sangre. A la vez, el interior de los vasos produce más sustancias que favorecen la relajación vascular. Eso mejora el flujo y reduce la “tensión de base”.

El efecto no siempre es lento. Tras una sesión, muchas personas con hipertensión presentan una bajada que puede durar buena parte del día. Luego, con semanas de constancia, el beneficio se acumula. Y aunque parezca poca cosa, descensos de varios mmHg se asocian con menos probabilidad de infarto o ictus en el largo plazo.

¿Qué tipos de ejercicio ayudan más cuando hay hipertensión?

No todo el ejercicio baja la presión igual. Aun así, hay dos ideas que suelen repetirse en la evidencia reciente: los isométricos destacan en reducción de cifras, y el enfoque combinado, con fuerza más cardio moderado, mejora la salud completa. En la práctica, esto permite elegir según gustos y limitaciones. Una persona puede caminar casi a diario, y además sumar ejercicios breves de tensión muscular controlada. El resultado suele ser más fácil de sostener.

Isométricos: la opción sorprendente para bajar cifras

Un isométrico es una contracción sin movimiento visible. El músculo trabaja, pero la articulación casi no se desplaza. Dos ejemplos sencillos son la sentadilla contra la pared y la plancha.

Revisiones y ensayos recientes describen bajadas aproximadas de presión que, en promedios de estudios, rondan cerca de 8 mmHg en sistólica y 4 mmHg en diastólica, aunque algunos protocolos muestran rangos mayores. En algunos análisis, el efecto aparece como comparable al de un fármaco en monoterapia, siempre según el perfil de cada persona. Suele practicarse varias veces por semana. La técnica importa, y la respiración también. Conviene evitar aguantar el aire, porque eso puede disparar la presión de forma transitoria.

Foto Freepik

Aeróbico y fuerza: el combo que mejora la salud completa

El aeróbico moderado incluye caminar a paso ligero, bici, elíptica o trote suave si es seguro. La clave es mantener un ritmo que permita hablar con frases cortas. Con esa intensidad, muchas personas logran bajar la presión y además ganan resistencia.

La fuerza suma otro beneficio. Sentadillas, empujes, bandas elásticas o pesas ligeras ayudan a mejorar masa muscular y control metabólico. Programas de varias semanas que combinan fuerza y cardio moderado suelen mejorar presión, condición física y parámetros como la glucosa.

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El entrenamiento muy intenso por intervalos puede servir a algunos perfiles. Aun así, no siempre es lo más eficaz para bajar presión, y puede no ser lo más cómodo al inicio.

Cuánto ejercicio hacer: cómo empezar y qué precauciones seguir

Las recomendaciones de salud más usadas hablan de alrededor de 150 minutos semanales de actividad moderada, o un volumen menor si la intensidad es alta. Puede dividirse en bloques cortos, porque sumar cuenta. Para alguien sedentario, empezar con caminatas breves y aumentar poco a poco suele funcionar mejor que intentar cambios bruscos.

En hipertensión, la seguridad manda. Si la presión está muy alta, o si hay dolor torácico, falta de aire marcada o mareos, conviene consultar antes de apretar el ritmo. También tiene sentido hablarlo si toma medicación, ya que el ejercicio puede cambiar las cifras y provocar bajadas excesivas en algunos casos.

Medir la presión en casa ayuda a ver tendencias. No se busca bajar de golpe, se busca consistencia. Además, el ejercicio acompaña, no reemplaza, otros pilares como menos sal, mejor sueño y el tratamiento indicado.

Elegir un movimiento sostenible suele ser el punto de partida más realista. Durante una semana, puede probar con caminatas y añadir isométricos cortos, y anotar presión y sensaciones. Si aparecen mareos fuertes, dolor en el pecho o falta de aire inusual, lo prudente es parar y consultar. La constancia casi siempre pesa más que la intensidad.

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