Conducir de noche y ver los faros con halos o “picos” de luz puede sentirse inquietante. A veces parece como mirar a través de un cristal imperfecto, incluso cuando el parabrisas está limpio. Ese efecto no siempre es cansancio, ni imaginación, con frecuencia se explica por el astigmatismo, un defecto de refracción muy común. En estudios poblacionales se ha visto que afecta a una parte importante de la gente, cerca de un tercio en algún momento de la vida.
¿Qué pasa en el ojo cuando hay astigmatismo y por qué la imagen se deforma?
El astigmatismo aparece cuando la córnea, o el cristalino, no tienen una curvatura uniforme. En vez de parecerse a una pelota redonda, se parecen más a un balón de rugby, con un eje más curvo que otro. Como resultado, la luz no se enfoca en un único punto de la retina. Se reparte en varios planos y el cerebro recibe una imagen con bordes menos definidos.
Por eso puede haber visión borrosa o distorsionada tanto de lejos como de cerca, según el tipo y el grado. Además, es común que conviva con miopía o hipermetropía, lo que suma desenfoque y cansancio visual.
En cuanto a las causas, a menudo existe un componente hereditario, presente desde la infancia. También puede aparecer o cambiar tras lesiones o cirugías oculares. En algunas personas se relaciona con enfermedades corneales, como el queratocono, donde la córnea se adelgaza y se deforma con el tiempo. Incluso hábitos como frotarse los ojos con fuerza pueden empeorar la superficie corneal y la calidad del enfoque.
¿Por qué de noche aparecen halos y destellos, y por qué se notan más que de día?
La diferencia clave está en la pupila. Con luz diurna, la pupila se hace más pequeña y deja pasar luz por la zona central de la córnea. Esa zona suele tener menos irregularidades, por lo que el desenfoque se disimula.
En la oscuridad, la pupila se dilata para captar más luz. Entonces entran rayos por zonas más periféricas, donde la curvatura desigual puede dispersar más la luz. Por eso aparecen destellos, efecto estrella, sombras alrededor de faros y farolas, y una nitidez peor en señales o líneas de la carretera.
La sensación se parece a mirar por una ventana con pequeñas ondulaciones. De día casi no molestan, pero una luz intensa en un entorno oscuro hace que resalten. Aun así, no todo síntoma nocturno es astigmatismo. La miopía, el ojo seco, cataratas o problemas de retina también influyen. Sin embargo, el patrón de distorsión con luces puntuales es muy típico.
Señales de alerta y cómo se corrige para volver a ver las luces “normales”
Cuando una persona entrecierra los ojos para enfocar, nota dolor de cabeza, tiene fatiga visual, o evita conducir de noche por deslumbramiento, conviene revisar la graduación. El primer paso suele ser un examen visual con prueba de refracción, que mide cuánto y en qué eje se curva la luz.
La corrección más habitual es sencilla. Las gafas y las lentes de contacto tóricas redirigen la luz para llevarla a un foco más preciso. Si existe astigmatismo irregular, el profesional puede indicar lentes especiales que estabilizan mejor la imagen.
También importa la superficie ocular. Con ojo seco, la película lagrimal se vuelve irregular y la luz se dispersa más. En esos casos, las lágrimas artificiales pueden mejorar el confort y reducir halos en algunas personas, sin prometer una “cura”.
Para quien no quiera gafas o lentillas, la cirugía refractiva (como LASIK o PRK) puede ser una opción, tras una evaluación con un especialista que valore riesgos y beneficios. Si el deslumbramiento es intenso, se recomienda prudencia: evitar lluvia y conducción nocturna cuando sea posible, hasta ajustar la corrección.
El efecto nocturno suele explicarse por el enfoque desigual y la pupila dilatada, por eso las luces “se rompen” en halos. En la práctica, lo que más ayuda es una buena corrección óptica y atender el ojo seco si existe. Si el problema es nuevo, empeora, o afecta la conducción, lo sensato es agendar una revisión, sobre todo si aparece dolor, para descartar otras causas.


