#Salud: ¿Por qué aparecen los juanetes y cómo prevenirlos?

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Un juanete, también llamado hallux valgus, es una deformidad progresiva del primer dedo del pie. El dedo gordo se va desviando hacia los demás y, con el tiempo, aparece un bulto en su base. Al inicio puede no doler, pero suele traer roce con el calzado, irritación de la piel y dificultad para caminar distancias largas. Además, cuando la zona se inflama, cualquier zapato puede sentirse como una “pinza”. Por eso conviene actuar pronto, antes de que el problema condicione la rutina diaria.

¿Qué pasa en el pie cuando se forma un juanete?

Cuando se forma un juanete, la articulación de la base del dedo gordo empieza a sobresalir y el dedo se inclina hacia dentro. Ese cambio no aparece de golpe, avanza poco a poco por la suma entre la forma del pie, la carga al caminar y la presión del calzado. Con el tiempo, los tejidos de la zona se irritan y la articulación pierde alineación, por eso el hallux valgus suele acompañarse de enrojecimiento, sensibilidad al tacto y, a veces, una sensación de quemazón después de estar muchas horas de pie. Además, el roce repetido con el zapato puede causar callosidad por fricción y una bolsa inflamada que se hincha cuando hay sobrecarga.

Aun así, no todo bulto duele al principio, y eso puede hacer que se ignore. Sin embargo, si el apoyo del pie no es estable, el antepié reparte peor el peso, la articulación trabaja forzada y la desviación avanza. En esa fase también pueden aparecer molestias en el segundo dedo o en la planta, porque el cuerpo compensa para evitar el dolor.

Causas y factores que aumentan el riesgo, más allá del calzado

El calzado influye, pero no explica todo. En muchos casos hay predisposición familiar y lo que se hereda no es el juanete en sí, sino la estructura del pie, la laxitud de ligamentos o un patrón de apoyo que facilita la desviación. También pesa la edad, porque con los años se desgastan huesos y articulaciones, y el pie pierde parte de su capacidad para “repartir” la carga de forma eficiente.

La biomecánica de la marcha es otro punto clave. Un pie plano, una pronación marcada (cuando el pie cae hacia dentro al apoyar) o un reparto desigual del peso sobrecargan la zona del antepié. Ese exceso de presión repetida empuja la articulación hacia una posición menos alineada. Además, algunas enfermedades inflamatorias, como la artritis reumatoide, pueden asociarse a deformidades del pie y a dolor articular, lo que complica la evolución.

Foto Freepik

¿Cómo el tipo de zapato puede acelerar el juanete y aumentar las molestias?

Aunque no siempre sea la causa inicial, el zapato suele acelerar la deformidad y adelantar los síntomas. El tacón alto desplaza el peso hacia la parte delantera del pie, de modo que la zona metatarsal soporta más carga. Cada centímetro extra aumenta esa presión y la articulación del dedo gordo lo nota.

La punta estrecha también juega en contra, porque comprime los dedos y empuja el dedo gordo hacia los otros. Con el tiempo, esa presión repetida favorece el bulto lateral y el roce constante. Algunas señales prácticas son el dolor al final del día, rozaduras, ardor y, a veces, adormecimiento por compresión. Para reducir el problema, conviene buscar puntera ancha, materiales flexibles y un tacón bajo o moderado, evitando tanto los tacones altos como las suelas totalmente planas.

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Hábitos sencillos para prevenirlos o frenar su avance

Un buen punto de partida es una valoración con podólogo y un estudio biomecánico de la marcha. Así se entiende cómo pisa cada persona y qué ajustes convienen, desde hábitos diarios hasta el tipo de calzado más adecuado. En muchos casos, el uso de plantillas ayuda a repartir la carga y a mejorar la postura del pie. En cuadros leves pueden bastar plantillas prefabricadas, mientras que si hay dolor, mucha pronación o deformidad visible, suele ser mejor una plantilla a medida.

También pueden ayudar separadores o correctores para disminuir fricción y presión en la articulación, sobre todo en jornadas largas. Además, rutinas cortas de movilidad y fortalecimiento del pie mejoran el control del arco y la estabilidad del apoyo. Si aparece dolor persistente, inflamación que no baja o limitación al caminar, conviene consultar sin esperar.

La genética y la forma del pie influyen mucho, pero el calzado y los hábitos marcan la diferencia en molestias y progresión. Observar qué zapato se usa a diario suele ser el primer cambio real. Si el bulto crece, roza o duele, una valoración profesional ayuda a decidir el siguiente paso.

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