En Roma, lo sorprendente ya no es solo la foto perfecta, también es el acceso. La Fontana di Trevi ha empezado a cobrar una entrada a los turistas para acercarse a la zona más cercana al agua, el punto donde se agolpan los móviles y la tradición de lanzar la moneda.
El matiz es importante: no se paga por “ver” la fuente. La plaza sigue siendo abierta, y la fuente puede admirarse sin coste desde fuera del perímetro controlado.
Qué cambia exactamente en la Fontana di Trevi y qué sigue siendo gratis
El cambio se centra en el área interior junto a la barandilla y la cuenca, el espacio más codiciado para hacerse una foto sin cabezas alrededor y para tirar la moneda con cierta calma. Para entrar ahí, los visitantes no residentes abonan 2 euros.
Quien no quiera pagar puede quedarse en la plaza y seguir viendo el conjunto monumental, con su fachada y esculturas, sin restricciones. La diferencia se nota en la experiencia, no en el monumento: de lejos se contempla, de cerca se vive el ritual y se gana un encuadre más limpio.
La entrada de 2 euros es para acercarse al agua, no para pasar por la plaza
La plaza no se convierte en un recinto cerrado. El control se aplica solo al frente inmediato de la fuente, donde antes se formaban tapones constantes. Ese tramo es pequeño, y por eso concentra empujones, esperas y discusiones por centímetros de sitio.
Desde el perímetro exterior se sigue pudiendo mirar y fotografiar, pero sin bajar a la franja de acceso controlado ni lanzar la moneda desde ese punto cercano.
Horarios, cupos y reservas: cómo funciona el acceso en la práctica
El acceso de pago funciona en una franja diaria con control. En general, se aplica desde la mañana hasta las 22:00, con una apertura algo más tardía algunos días. Fuera de ese horario, el visitante puede acercarse sin comprar billete.
La compra puede hacerse por internet en la plataforma municipal habilitada y también en puntos de información turística y espacios colaboradores. En el propio acceso se acepta pago con tarjeta, y conviene llegar con la compra hecha para evitar colas en horas punta.
A quién afecta el cobro y quién puede entrar sin pagar
El billete está pensado para turistas y para quienes no viven en Roma ni en su área metropolitana. Los residentes mantienen el acceso gratuito mostrando identificación, una forma de proteger el uso cotidiano de un lugar que también es barrio y paso, no solo postal.
También suelen aplicarse exenciones prácticas: menores muy pequeños (por ejemplo, menores de 6 años), personas con discapacidad y un acompañante, y guías oficiales con acreditación. Como en cualquier norma de acceso, las condiciones pueden ajustarse, así que conviene confirmarlas en la web municipal o en los puntos de información antes de ir.
Turistas, residentes y excepciones habituales que conviene revisar antes de ir
La medida apunta al turismo masivo, no a penalizar el paseo. El visitante que planifica con un mínimo de margen evita sorpresas, y el residente no pierde su sitio. Esa es la idea que Roma quiere transmitir con el sistema de control.
Por qué Roma está tomando estas medidas contra las multitudes
Trevi recibe millones de visitas al año y el espacio es estrecho. Cuando el flujo se desborda, el problema no es solo la foto, también es la seguridad, la limpieza y el desgaste del entorno.
El ayuntamiento ha defendido el cobro como una herramienta de orden: menos presión en la primera línea, más control y mejor convivencia en un punto donde se cruzan grupos, familias, guías y gente que solo pasa.
Conservación, seguridad y una visita más cómoda para todos
Gestionar un icono al aire libre cuesta dinero y atención constante. Regular el acceso ayuda a reducir incidentes, a proteger la piedra y la zona de paso, y a hacer la visita más llevadera.
La tradición de la moneda y el destino solidario de lo que se recoge
La entrada no sustituye a la tradición. Las monedas que se lanzan al agua se recogen aparte y se destinan a fines solidarios, ligados a ayuda alimentaria y apoyo a personas vulnerables.
Consejos rápidos para disfrutar Trevi sin estrés y sin gastar de más
Para verla sin agobios, suele funcionar ir a primera hora o cerca del cierre del control. Quien solo quiera contemplarla puede quedarse en la plaza y ahorrar el billete. Quien busque la foto cercana y el gesto de lanzar la moneda con espacio, encontrará sentido a los 2 euros, sobre todo en días de mucha afluencia.
También conviene planificar el presupuesto del viaje: Roma ha ido moviendo otros puntos antes gratuitos a modelos de entrada, y el Panteón ya es un ejemplo claro de este giro hacia la gestión por aforo.
Al final, la Fontana di Trevi no se “encarece” tanto como se organiza. Con una entrada pequeña y una buena reserva o compra anticipada, la visita gana calma y se evitan esperas que roban tiempo a lo más valioso del viaje: caminar Roma sin prisas.


