Sistemas de ósmosis inversa: funcionamiento, tipos y mantenimiento para uso doméstico

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La ósmosis inversa es un método de purificación de agua que utiliza una membrana semipermeable para eliminar impurezas. El proceso incluye etapas de prefiltración para sedimentos, una membrana principal que reduce sales disueltas, metales pesados y microorganismos, y un postfiltro que ajusta el sabor y el olor. Algunos equipos incorporan una etapa de remineralización para equilibrar el perfil mineral del agua tratada.

Durante el proceso, se genera un subproducto denominado ‘agua de rechazo’, que contiene los contaminantes filtrados y se desecha. Los sistemas pueden eliminar hasta el 99% de sales disueltas, dependiendo del modelo y su estado de mantenimiento.

Existen dos tipos principales de sistemas domésticos: con depósito, que almacena agua filtrada para su uso inmediato, y de flujo directo, que produce agua en el momento de la demanda. La elección entre ambos depende de factores como el espacio disponible, el consumo diario y las preferencias del usuario.

El mantenimiento de estos sistemas requiere el reemplazo periódico de filtros, generalmente cada 6 a 12 meses, y de la membrana, cada 2 a 3 años, según las indicaciones del fabricante. Señales como la reducción del caudal o cambios en el sabor del agua indican la necesidad de revisión o reemplazo de componentes.

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Al seleccionar un sistema de ósmosis inversa, se recomienda verificar certificaciones como la marca CE, evaluar el espacio disponible para la instalación y analizar la calidad del agua local mediante análisis previos. Modelos recientes han mejorado la eficiencia, reduciendo la proporción de agua desperdiciada durante el proceso.

Algunos sistemas pueden reducir minerales presentes en el agua, aunque ciertos equipos incluyen etapas de remineralización. Los avances técnicos en equipos modernos han optimizado el uso de agua durante el proceso.

**REDACCIÓN FV MEDIOS**