Estudios científicos confirman siete beneficios del ajo para la salud cardiovascular y metabólica

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El ajo, reconocido por su uso gastronómico, contiene compuestos de azufre como la alicina, vinculados en investigaciones científicas a efectos en marcadores de salud. Su consumo regular o en forma de extractos estandarizados actúa como complemento, no como sustituto de tratamientos médicos establecidos.

En el ámbito cardiovascular, estudios observacionales y clínicos asocian el consumo de ajo con mejoras en la presión arterial y ajustes en los niveles de lípidos sanguíneos, como colesterol y triglicéridos. En personas con hipertensión, se ha registrado una reducción moderada de la presión arterial tras semanas o meses de consumo constante, sin que esto implique reemplazar la medicación prescrita.

Para individuos con factores de riesgo cardiometabólico, como exceso de grasa abdominal o alteraciones en los lípidos, el ajo se relaciona con mejoras en el perfil lipídico y marcadores asociados a la aterosclerosis. Algunos estudios indican una posible reducción en la progresión de la placa coronaria en grupos específicos, sin que esto garantice una protección absoluta.

En relación con el control de la glucosa en sangre y el síndrome metabólico, el ajo actúa como complemento a hábitos saludables. Ensayos clínicos reportan cambios modestos en los niveles de glucosa, resistencia a la insulina y reducción de la circunferencia de cintura. También se han documentado ajustes en los niveles de triglicéridos y un aumento del colesterol HDL, aunque estos efectos dependen de una dieta equilibrada y la práctica regular de actividad física.

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El ajo exhibe propiedades antioxidantes y antiinflamatorias, vinculadas a la reducción del estrés oxidativo. Sus compuestos organosulfurados se asocian con menor daño celular y una disminución en marcadores inflamatorios, particularmente en personas con alteraciones metabólicas. En estudios preclínicos con animales, se exploran posibles beneficios para la memoria y la masa muscular, aunque en humanos la evidencia aún es limitada.

El ajo puede consumirse crudo, cocinado, en polvo o en extractos. El consumo en crudo puede causar molestias digestivas en algunas personas, mientras que cocinarlo de manera suave ayuda a conservar sus compuestos activos. Los suplementos de ajo, al concentrar dosis, deben utilizarse bajo supervisión profesional, especialmente en personas que toman anticoagulantes o que enfrentan procedimientos quirúrgicos.

**REDACCIÓN FV MEDIOS**