La diabetes tipo 2 se asocia con la resistencia a la insulina, un proceso en el que el organismo pierde capacidad para regular los niveles de glucosa en sangre. Aunque factores como la edad o la predisposición genética no son modificables, existen cuatro hábitos cotidianos vinculados a su desarrollo que pueden controlarse mediante cambios en el estilo de vida.
El exceso de peso, en particular la acumulación de grasa abdominal, reduce la eficacia de la insulina y está relacionado con procesos inflamatorios. Para mitigar este riesgo, se recomienda ajustar las porciones de alimentos, incrementar el consumo de proteínas y fibra, y mejorar la calidad del sueño.
El sedentarismo disminuye la capacidad de los músculos para absorber glucosa, lo que afecta la sensibilidad a la insulina. Actividades como caminar a paso rápido, utilizar escaleras en lugar de ascensores y realizar pausas activas durante la jornada laboral pueden contribuir a reducir este riesgo.
La alimentación influye en el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Patrones dietéticos caracterizados por el consumo de ultraprocesados, grasas saturadas, bebidas azucaradas y baja ingesta de fibra se asocian con un mayor riesgo. Modificaciones como priorizar el consumo de frutas enteras, legumbres, verduras y sustituir bebidas azucaradas por agua pueden ser medidas efectivas.
La hipertensión arterial, frecuentemente asociada a la resistencia a la insulina, incrementa el riesgo cardiometabólico. Controlar la presión arterial mediante la reducción del consumo de sal y alcohol, mejorar la calidad del sueño y aumentar la actividad física favorece la regulación tanto de la presión arterial como de los niveles de glucosa en sangre.
*Redacción FV Medios*
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