La natación, clasificada como una actividad física de bajo impacto, ofrece beneficios respaldados por investigaciones científicas para la salud física y mental. Entre los efectos físicos documentados se incluyen:
– Fortalecimiento del sistema cardiovascular, con mejoras en la circulación sanguínea y estabilización de la presión arterial.
– Incremento de la capacidad pulmonar debido a la coordinación respiratoria durante el ejercicio.
– Tonificación de extremidades, espalda y abdomen, junto con reducción de grasa corporal por el gasto energético.
– Protección articular por la flotación, lo que la hace recomendable para personas con sobrepeso, molestias lumbares o limitaciones de movilidad.
– En adultos mayores, mejora del equilibrio y la fuerza, reduciendo el riesgo de caídas.
– Mejora en la calidad del sueño al generar fatiga física sin acumulación de tensión.
En el ámbito mental, la natación:
– Regula el estrés al disminuir la activación del sistema nervioso simpático, combinando los efectos de la flotación, la temperatura del agua y el ritmo repetitivo de los movimientos.
– Estimula la producción de BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro), proteína asociada a la neuroplasticidad y la memoria.
– Favorece la concentración mediante la coordinación entre brazada y respiración, interrumpiendo patrones de pensamiento recurrentes y reduciendo la tensión muscular.
– A largo plazo, el logro de metas y la mejora técnica incrementan la autoestima.
Para una práctica segura, se recomienda:
– Realizar un calentamiento previo y priorizar una técnica correcta para prevenir lesiones.
– Mantener hidratación constante.
– Consultar a un especialista en casos de condiciones médicas preexistentes o dolor persistente.
– La constancia es más relevante que la intensidad para obtener resultados duraderos.
La natación se presenta como una opción accesible y efectiva para la salud integral, respaldada por evidencia científica.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**


