La reducción de grasa en zonas específicas, como los muslos, requiere un enfoque integral basado en evidencia científica. Estudios demuestran que la pérdida de grasa ocurre de manera generalizada en el cuerpo, sin posibilidad de localización, y que la genética influye en el orden en que se observan los cambios. Investigaciones vinculan la grasa intramuscular en esta área con riesgos cardiometabólicos, lo que destaca la importancia de mejorar la composición corporal en su conjunto.
Para lograr resultados sostenibles, se recomienda un déficit calórico moderado combinado con una alimentación equilibrada. Incluir fuentes de proteínas (huevos, pescado, legumbres) y fibra (verduras, frutas, avena) contribuye a la saciedad y a la preservación de la masa muscular. Reducir el consumo de ultraprocesados y bebidas azucaradas puede incidir positivamente en el balance calórico.
En el ámbito del ejercicio, la combinación de entrenamiento de fuerza (sentadillas, zancadas, peso muerto) y actividad cardiovascular (caminar, nadar, ciclismo) es fundamental. La progresión gradual y la constancia son clave para prevenir lesiones. Además, dormir entre 7 y 9 horas diarias y gestionar el estrés influyen en la regulación del apetito y la recuperación muscular.
Ante síntomas como dolor persistente, inflamación o sospecha de condiciones como el lipedema, se aconseja consultar a un profesional de la salud para una evaluación personalizada.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**


