La salud ocular está condicionada por factores como la exposición a la luz, el estrés oxidativo y la calidad nutricional de la dieta. Estudios clínicos, incluyendo los ensayos AREDS y AREDS2, han identificado nutrientes específicos que contribuyen a la protección de estructuras oculares como la retina y la mácula, así como a la reducción del impacto de la luz azul y la radiación solar.
1. **Carotenoides maculares (luteína y zeaxantina)**: Estos pigmentos se acumulan en la mácula y actúan como filtro natural contra la luz de alta energía. Se encuentran en alimentos como espinacas, brócoli, maíz y yema de huevo. Investigaciones observacionales asocian su consumo regular con un aumento del pigmento macular.
2. **Vitaminas antioxidantes (C y E)**: Neutralizan radicales libres generados por la exposición a la luz y el oxígeno. La vitamina C está presente en cítricos, pimientos y tomates, mientras que la vitamina E se halla en frutos secos y aceites vegetales, como el de oliva.
3. **Vitamina A**: Esencial para la visión en condiciones de baja luminosidad y para mantener la hidratación corneal. El retinol se obtiene de fuentes animales como huevos y lácteos, y el betacaroteno, de vegetales anaranjados como zanahorias y boniatos.
4. **Omega-3 (DHA)**: Este ácido graso forma parte de la estructura retiniana y contribuye a la estabilidad de la película lagrimal. Sus principales fuentes son pescados azules como salmón, sardinas y atún, además de huevos enriquecidos.
5. **Minerales (zinc y selenio)**: El zinc facilita el metabolismo de la vitamina A, y el selenio refuerza las defensas antioxidantes. Se encuentran en legumbres, carnes, mariscos y nueces, destacando las nueces de Brasil por su contenido en selenio.
La incorporación de estos nutrientes en la dieta puede realizarse mediante combinaciones prácticas, como ensaladas con hojas verdes, huevo y maíz, o platos de pescado azul con verduras. La cocción prolongada de alimentos ricos en vitamina C puede disminuir su valor nutricional.
Los suplementos nutricionales pueden considerarse en casos de dietas restrictivas, embarazo, edad avanzada o indicación médica, como en perfiles vinculados al estudio AREDS2. Su uso debe supervisarse para evitar interacciones con medicamentos (por ejemplo, anticoagulantes con vitamina E u omega-3) o excesos de zinc.
Estos nutrientes complementan hábitos como el descanso visual, el uso de protección solar y un sueño adecuado. Ante síntomas como sequedad ocular persistente, visión borrosa o deslumbramientos frecuentes, se recomienda consultar a un profesional de la salud.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**


