#Salud: La sorprendente razón por la que tus uñas crecen más en tu mano dominante

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A muchas personas les pasa lo mismo: se sientan a cortar o limar las uñas y notan que una mano “se adelanta”. La uña del índice o del pulgar de la mano dominante ya pide tijera, mientras la otra aún “aguanta”. La sorpresa no tiene nada de magia. Suele ser una mezcla de biología y costumbres diarias. Y, de paso, puede servir como una pista simple sobre circulación, hábitos y cuidado de las manos.

La explicación más probable: más uso, más riego, más crecimiento

La mano dominante se mueve más. Es la que escribe, abre frascos, carga bolsas y maneja el móvil. Ese movimiento repetido favorece el flujo sanguíneo en dedos y yemas. Cuando llega más sangre a la zona, también llegan más nutrientes y oxígeno.

Ahí entra una pieza clave: la uña no “nace” en la punta. Se forma en la matriz ungueal, debajo de la piel, cerca de la cutícula. Si ese tejido recibe mejores condiciones de riego, el crecimiento suele ser más constante y, en muchas personas, un poco más rápido.

En promedio, las uñas de las manos avanzan alrededor de 3 a 4 milímetros al mes. Aun así, no crecen igual que las de los pies. Las uñas de los pies suelen ir mucho más lentas, en torno a 1 a 1,5 milímetros al mes, en parte por menor circulación y menos uso fino.

Por qué no todos notan la misma diferencia entre una mano y otra

La dominancia ayuda a explicar el patrón, pero no es el único factor. En algunas personas la diferencia es mínima, y en otras se nota bastante. También puede variar según el dedo, porque el pulgar y el índice tienden a “trabajar” más.

La edad influye. Con el tiempo, la renovación celular se vuelve más lenta y la circulación puede bajar. La genética también marca el ritmo base, como si cada persona tuviera su propio “tempo” de crecimiento.

El clima aporta otro empujón. Con calor, el riego periférico suele mejorar, y las uñas pueden crecer algo más. En frío, a menudo ocurre lo contrario. Además, los cambios hormonales pueden acelerar el crecimiento; por eso, durante el embarazo muchas personas notan uñas que avanzan más y se sienten distintas.

El tabaco juega en contra de la circulación. Cuando el riego se deteriora, las uñas pueden crecer más lento y verse más frágiles.

Foto Freepik

Señales y hábitos que pueden acelerar o frenar el crecimiento de las uñas

La mano dominante no solo se mueve más, también recibe más microgolpes. Escribir, cocinar, limpiar o cargar peso produce estímulos constantes. Incluso gestos como tamborilear los dedos o rascarse pueden aumentar el riego local, aunque a veces a costa de la salud de la uña.

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Morderse las uñas confunde a muchas personas. Puede dar la sensación de crecimiento rápido porque obliga a recortar más seguido, pero en realidad suele dañar la cutícula y debilitar la placa ungueal.

Conviene observar señales como quiebres repetidos, capas que se levantan, surcos profundos o cambios de color. Si aparecen de forma persistente, una valoración profesional ayuda a descartar infecciones, dermatitis o déficits nutricionales.

¿Cómo apoyar un crecimiento sano sin obsesionarse?

El objetivo no es correr, sino resistir. Mantener las uñas limpias y secas reduce problemas. Además, la hidratación importa por dentro y por fuera: agua suficiente y crema en manos y cutículas suelen mejorar la flexibilidad.

También ayuda moderar la exposición a químicos. El uso frecuente de acetona puede resecar; y, al limpiar, los guantes protegen de detergentes agresivos.

La alimentación cuenta. Una dieta con proteínas, vitaminas y minerales favorece una uña más firme. La biotina se asocia a mejor calidad en algunas personas, y aparece en alimentos como huevos, nueces y plátano. Los suplementos no son para todo el mundo; suelen tener sentido solo si hay fragilidad clara o indicación sanitaria.

Al final, que la mano dominante vaya “primero” suele reflejar más movimiento y mejor riego local. Ese ritmo cambia con estación, hábitos y salud general, por eso mirar las uñas de cerca puede ser una forma sencilla de ajustar el cuidado diario.

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