Especialistas en dermatología proponen una rutina matutina estructurada en tres etapas: limpieza suave, aplicación de un activo clave e hidratación con protección solar. El método prioriza la constancia y la adaptación a las características de cada tipo de piel, evitando el uso excesivo de productos.
La limpieza debe realizarse con agua tibia y las manos, utilizando productos suaves para eliminar impurezas sin dañar la barrera cutánea. El segundo paso consiste en aplicar un solo activo principal, seleccionado según las necesidades específicas de la piel. Las opciones más comunes incluyen:
– Niacinamida: para equilibrar y reducir la apariencia de poros.
– Vitamina C: para iluminar el tono cutáneo.
– Ácido hialurónico: para proporcionar hidratación.
– Péptidos: para mejorar la firmeza.
La última etapa combina hidratación y protección solar. La hidratación contribuye a mejorar la textura de la piel, mientras que el protector solar previene manchas y un tono irregular. La elección de la textura del producto (gel, loción o crema) depende del tipo de piel y de las condiciones climáticas.
Los especialistas indican que la incorporación de nuevos productos debe realizarse de manera gradual, alternando su aplicación y observando posibles reacciones adversas, como enrojecimiento o escozor. La combinación simultánea de múltiples activos puede generar sensibilidad y afectar la luminosidad de la piel.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**


