Renata Zarazúa subió una foto impactante: su espalda, enrojecida y con marcas claras de quemadura, después de jugar casi tres horas al mediodía en Hobart. No era un día de calor insoportable. Y justo ahí está la trampa.
En Australia, el índice UV puede ser muy alto o extremo incluso con temperaturas moderadas. Eso significa que puedes quemarte rápido, aunque el aire no “se sienta” abrasador. Entender esta diferencia cambia hábitos en el deporte, en la playa y en la vida diaria.
Lo que revela la foto de Renata Zarazúa sobre el UV en Australia
El episodio ocurrió durante el torneo de Hobart, en pleno verano austral. Partido largo, exposición en la franja más dura del sol, sudor, roce de la ropa, y una piel que terminó pagando el precio. La imagen no es morbo, es una señal: el problema no es solo el calor, es la radiación ultravioleta.
El contexto importa porque Australia carga con un dato inquietante que destaca la BBC: tiene la mayor incidencia de cáncer de piel del mundo. No es casualidad, se junta sol intenso, hábitos al aire libre y, en algunas zonas, condiciones que dejan pasar más UV.
Por qué puedes quemarte con veintidós grados: el índice UV manda
La temperatura te dice cómo se siente el día y el índice UV te dice cuánta radiación llega a tu piel. Alrededor del mediodía, el sol cae más directo y el UV sube, aunque estés cómodo con una manga corta.
En Hobart, el UV osciló entre muy alto y extremo. Y hay otro engaño común: las nubes no siempre te salvan, ya que pueden bajar la luz visible, pero parte del UV sigue atravesando.
Protector solar sí, pero bien usado y sin confiarse
Ponerte crema una vez y olvidarte es como salir a correr con la botella medio llena. La química cosmética citada por la BBC lo explica con claridad: hace falta cantidad suficiente, una cucharadita por zona del cuerpo, y aplicarla con tiempo, antes de exponerte.
Luego viene lo que muchos pasan por alto: reaplicar cada dos horas, y antes si nadas, sudas o te secas con toalla. En un partido, en la bici o corriendo, el movimiento acorta la vida real del producto sobre la piel.
Errores comunes que bajan la protección sin que te des cuenta
El fallo número uno es quedarse corto de crema. El segundo es olvidar zonas pequeñas que reciben sol directo, como orejas, cuello y la parte alta de la espalda. También pasa que el protector se mezcla con sudor, se corre con la fricción, y deja huecos invisibles.
Y está la confianza falsa del “hoy está nublado”. Para una deportista, ese combo de nubosidad, esfuerzo y exposición prolongada puede terminar en quemadura sin aviso.
Cuando el FPS no coincide: qué aprendió Australia con el caso Choice
Choice Australia probó protectores solares y encontró que muchos no alcanzaban el FPS que prometían. En su ensayo, de veinte productos, dieciséis no cumplieron con lo declarado, y uno destacó por medir un FPS muy por debajo de la etiqueta.
Varias marcas rechazaron esos resultados. Aun así, el regulador australiano, la TGA, anunció una investigación y posibles medidas. El mensaje equilibrado no es “dejes de usar protector”, al contrario. Es una llamada a no bajar la guardia: elegir bien ayuda, pero la protección real depende también de cómo lo aplicas y de cuántas barreras sumas.
Cómo elegir y complementar la crema para reducir el riesgo
Conviene buscar amplio espectro y resistencia al agua si vas a sudar o bañarte. Pero la mejor estrategia es por capas: sombra cuando se pueda, ropa que cubra, gorra y gafas. Los expertos citados insisten en combinar crema con barreras físicas, porque la piel no negocia con el UV.


