Investigaciones realizadas en entornos hospitalarios con pacientes en proceso de desintoxicación alcohólica indican que la dieta cetogénica podría estar asociada con una disminución en la intensidad de los síntomas de abstinencia y una menor necesidad de medicación para su control. La hipótesis principal sugiere que, al eliminar el alcohol, el cerebro pierde acetato —un subproducto del metabolismo del etanol— y las cetonas, generadas mediante la dieta cetogénica, actuarían como una fuente alternativa de energía, contribuyendo a la estabilización del sistema nervioso central.
La abstinencia alcohólica se manifiesta cuando una persona con consumo frecuente o intenso suspende el alcohol de manera abrupta. Los síntomas más comunes incluyen ansiedad, temblores, sudoración, irritabilidad, náuseas y alteraciones del sueño. En casos graves, puede presentarse convulsiones, delirium tremens (caracterizado por confusión, agitación y alucinaciones) o hipertensión arterial, condiciones que requieren intervención médica inmediata.
Entre las señales de alarma que indican la necesidad de atención médica urgente se encuentran: desorientación marcada, alucinaciones, fiebre, convulsiones o agitación extrema. La dieta cetogénica no reemplaza el tratamiento clínico en estos casos.
La teoría que respalda el posible efecto de la dieta cetogénica propone que, al proporcionar cetonas como fuente de energía constante, se reduciría la hiperexcitación del sistema nervioso, lo que podría disminuir temblores, ansiedad y antojos. Además, al evitar fluctuaciones en los niveles de glucosa, algunos pacientes reportan una reducción en el impulso por consumir azúcar o alcohol.
Estudios con muestras limitadas, realizados en entornos controlados, observaron que pacientes bajo dieta cetogénica presentaron síntomas de abstinencia menos severos, menor uso de benzodiacepinas y una reducción en el deseo de consumir alcohol. No obstante, estas investigaciones presentan limitaciones, como el tamaño reducido de la muestra, la corta duración y el hecho de haberse realizado en condiciones hospitalarias estrictas.
La implementación de la dieta cetogénica en este contexto no está exenta de riesgos. La abstinencia alcohólica puede provocar deshidratación y alteraciones electrolíticas, efectos que podrían intensificarse con el inicio de la cetosis. Pacientes con daño hepático o pancreático podrían no tolerar una dieta alta en grasas. Otros efectos secundarios asociados incluyen dolor de cabeza, estreñimiento y malestar general. En caso de recaída en el consumo de alcohol, la reducción de la tolerancia podría agravar los efectos de la resaca.
Antes de adoptar cambios en la alimentación, se recomienda una evaluación médica especializada para revisar parámetros como niveles de glucosa, presión arterial, función hepática y renal, así como electrolitos, dado que tanto la abstinencia como la cetosis pueden alterarlos.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**


