#Salud: estos fármacos y suplementos pueden afectar tus riñones

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Los riñones trabajan como un filtro fino, pasan litros de sangre y ayudan a mantener el equilibrio del cuerpo. Por eso, muchos medicamentos salen del organismo a través de ellos. El problema aparece cuando se toman por cuenta propia, se alargan más de lo necesario o se combinan sin revisar la etiqueta.

El riesgo no vive solo en los fármacos con receta. También puede esconderse en productos de venta libre y en suplementos “naturales”. Además, la enfermedad renal puede avanzar sin dar señales claras, así que una mala combinación puede sorprender cuando ya hay daño.

¿Por qué algunos medicamentos dañan el riñón y quién tiene más riesgo?

El riñón puede sufrir por dos vías frecuentes. La primera es la bajada del flujo de sangre que llega a ese filtro, algo que reduce su capacidad para limpiar desechos. La segunda es la toxicidad directa o una reacción de inflamación, que irrita el tejido renal y altera su funcionamiento.

Hay personas con más papeletas para tener problemas. Entre ellas están los mayores de 65 años, quienes ya tienen enfermedad renal, quienes se deshidratan con facilidad o tienen la presión baja, y también quienes viven con diabetes o enfermedad cardíaca. Un antecedente de cirugía cardíaca o trasplante también sube el riesgo.

Antes de iniciar o mezclar tratamientos, conviene que un médico o un farmacéutico revise dosis, duración y combinaciones, incluso si el producto se compra sin receta.

Fármacos comunes que conviene vigilar: incluso si se compran sin receta

Los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) como ibuprofeno, naproxeno y aspirina suelen ser seguros si se usan de forma ocasional. Aun así, el uso frecuente o prolongado puede reducir el flujo de sangre a los riñones, y el peligro crece con deshidratación o presión baja. En presentaciones sin receta, se recomienda no pasar de 400 mg de ibuprofeno cada 6 horas, ni de 220 mg de naproxeno cada 8 horas. También se aconseja no usarlos más de 10 días seguidos para dolor, o 3 días para fiebre, sin consulta.

Muchos productos para resfriado o dolor mezclan varios ingredientes. Por eso, leer la etiqueta evita duplicar principios activos sin darse cuenta. Entre los fármacos para acidez, los inhibidores de la bomba de protones como omeprazol o esomeprazol no se deberían mantener durante meses sin supervisión. Si la acidez exige uso continuo, el equipo médico puede proponer alternativas.

Algunos antibióticos y antivirales también requieren cuidado. Con enfermedad renal, la dosis puede necesitar ajuste. En antivirales como aciclovir o valaciclovir, una buena hidratación ayuda a reducir problemas como la formación de cristales, sobre todo en personas deshidratadas. También cuenta el contraste de pruebas como TAC o resonancia. En pacientes con riesgo, conviene revisar la función renal antes, ya que ciertos contrastes pueden provocar complicaciones poco frecuentes pero serias.

Foto Freepik

Suplementos “naturales” que no siempre son inocentes para el riñón

Los suplementos herbales no pasan por las mismas pruebas que los medicamentos. Además, pueden interactuar con fármacos recetados o actuar como diuréticos. En personas con enfermedad renal, el aporte de potasio y fósforo de algunos productos puede ser un problema.

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Si existe daño renal o sospecha, conviene revisar con un profesional suplementos como creatina, raíz de regaliz, uva ursi, cola de caballo, ortiga, yohimbe, uña de gato o ruda. Para informarse, es mejor partir de fuentes médicas reconocidas, como NKF, NIH, AMA o ASN, y luego confirmar el caso particular con el equipo de salud.

¿Cómo proteger los riñones sin dejar tratamientos necesarios?

A veces un medicamento importante tiene riesgo renal, por ejemplo algunos tratamientos oncológicos, y aun así el beneficio puede pesar más si hay control. La clave es la decisión compartida y el seguimiento.

Ayuda llevar una lista actualizada de todo lo que se toma, incluyendo gotas, “antiácidos” y suplementos. También conviene preguntar si la dosis se ajusta según la eGFR (filtración estimada) y si hay que controlar la relación albúmina/creatinina en orina (UACR), que orienta sobre daño temprano. Con esos datos, el profesional puede ajustar el plan y reducir sorpresas.

Al terminar de leer una etiqueta, queda una regla simple: si algo se usa a diario, o se combina con otros productos, vale más preguntar antes de añadirlo, aunque parezca inofensivo. Los riñones no suelen quejarse a tiempo, y por eso la revisión temprana marca la diferencia.

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