#Salud: Esto es lo que debes saber sobre el glifosato, el herbicida potencialmente relacionado con el cáncer

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El glifosato es el herbicida más usado del mundo y aparece en productos conocidos como Roundup. Por eso, cuando vuelve al centro del debate, la conversación no se queda solo en el campo. Llega a la mesa, al jardín y a los reguladores.

Una parte del choque nace de una confusión común: no es lo mismo peligro que riesgo. Peligro significa si una sustancia puede causar daño en alguna condición. Riesgo describe qué tan probable es ese daño con la exposición real, en cantidades y usos habituales. Esa diferencia explica por qué dos instituciones pueden sonar contradictorias y, aun así, estar hablando de cosas distintas.

¿Qué es el glifosato y por qué se usa tanto?

El glifosato es un herbicida de amplio espectro. La planta lo absorbe por las hojas y, después, bloquea una función esencial para su crecimiento. En términos prácticos, detiene a muchas malezas con un solo producto.

Se popularizó desde los años setenta y su uso se disparó con cultivos tolerantes al glifosato. En agricultura se aplica para controlar malezas antes de sembrar, también en ciertos manejos previos a la cosecha, según el cultivo y el país. Además, se vende para uso residencial en jardines y patios.

Quienes lo defienden suelen destacar su eficacia y su papel en prácticas como la menor labranza, que puede reducir erosión del suelo cuando se aplica bien.

¿Qué dice la ciencia sobre el cáncer y por qué no hay una sola respuesta?

En salud pública, el glifosato es un ejemplo de cómo la evidencia se pesa de maneras distintas. En 2015, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), vinculada a la OMS, lo clasificó como “probablemente carcinógeno”. Su evaluación se apoyó en evidencia limitada en humanos (con especial atención al linfoma no Hodgkin) y en evidencia suficiente en estudios con animales, además de señales de daño genético.

En cambio, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) ha concluido que, a dosis relevantes para evaluaciones de riesgo, es poco probable que cause cáncer en humanos. Reguladores europeos han emitido lecturas similares para los niveles de exposición habituales.

Aquí está la clave para leer ambos mensajes: la IARC describe el peligro (si puede causar cáncer bajo ciertas condiciones), mientras que agencias regulatorias estiman el riesgo con escenarios de uso y exposición reales. Dicho de otro modo, pueden coexistir sin que una “anule” a la otra.

La discusión también se reavivó por dos hechos recientes. Por un lado, estudios de largo plazo en ratas han reportado más tumores con exposición prolongada, incluso cerca de límites regulatorios en algunos diseños, lo que mantiene viva la pregunta sobre dosis bajas. Por otro lado, un artículo antiguo y muy citado sobre seguridad fue retractado por dudas sobre independencia y transparencia, lo que elevó el listón de la evidencia aceptable.

Foto Freepik

¿Cómo se expone la gente y quién tiene más contacto?

La mayoría de la población se expone sobre todo por la dieta, debido a residuos en alimentos de cultivo convencional. También existe contacto directo al aplicar el producto, por piel e inhalación, y por cercanía a zonas tratadas si hay deriva del spray.

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Estudios de biomonitoreo en población general han encontrado glifosato medible en orina en una gran parte de las personas, lo que sugiere exposición extendida, aunque normalmente baja. En cambio, trabajadores agrícolas y aplicadores suelen concentrar los niveles más altos y, por eso, son el grupo que más interesa en vigilancia sanitaria.

Además del cáncer, se investigan irritación en piel y ojos por contacto, y posibles efectos a largo plazo en hormonas, reproducción o microbioma. Los resultados no siempre coinciden, y los reguladores no lo consideran un disruptor endocrino a niveles aprobados, pero la investigación sigue activa.

Formas realistas de reducir la exposición sin caer en el pánico

En casa, la forma más simple es reducir o evitar su uso en jardín. Si se aplica, la etiqueta manda: guantes, manga larga y control de la deriva disminuyen el contacto. En la cocina, ayuda lavar bien frutas y verduras, y pelarlas cuando tenga sentido.

Si el presupuesto lo permite, priorizar opciones orgánicas en alimentos que se comen con piel puede bajar la exposición dietaria. En el campo, también existen alternativas de manejo de malezas, como rotación de cultivos, cultivos de cobertura y control mecánico, habituales en sistemas orgánicos y posibles en sistemas convencionales con ajustes.

El debate sigue abierto porque cambian los estudios y porque cada institución responde preguntas distintas. Aun así, la conversación se vuelve más clara cuando se separa peligro de riesgo y se reconoce que la exposición alta merece más atención. Para orientarse, conviene revisar fuentes de salud pública y leer con cuidado las etiquetas antes de usar cualquier herbicida.

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