El microondas funciona a diario y casi nadie lo mira con calma. Un día, sin aviso, aparece ese mal olor que se queda flotando en la cocina, y el plato empieza a girar a trompicones, como si arrastrara los pies. Muchas personas limpian las paredes, la puerta y hasta el techo interior, pero se saltan un rincón escondido. Ahí es donde nacen los atascos y los ruidos. Se trata del aro del plato, la pieza que no se ve cuando el microondas está montado y que suele guardar grasa, migas y humedad como si fuera un cajón olvidado.
El aro bajo el plato giratorio: el rincón que acumula suciedad y frena el microondas
Bajo el plato de cristal hay un soporte circular con pequeñas ruedas (en algunos modelos es un aro, en otros una guía similar). Su trabajo es simple, permitir que el plato gire suave y centrado. El problema es que también recoge todo lo que cae: salpicaduras de salsa, granos de arroz, gotas de leche, azúcar pegada, y esa película de grasa que parece invisible hasta que se toca.
Como el aro encaja en la base y tiene ranuras, la suciedad se mete donde cuesta llegar. Con el calor repetido, se endurece y frena el giro. Las señales suelen ser claras: el plato no gira con continuidad, suena un traqueteo, vibra más de lo normal, o se nota que el plato “salta” al empezar. A veces no falla del todo, pero el microondas se vuelve más ruidoso y el olor se queda en la cocina incluso después de cerrar la puerta.
Por qué ese atasco termina oliendo mal en toda la cocina
La mezcla de restos de comida y humedad no necesita moho visible para volverse desagradable. Se seca a medias, se pega, y en zonas pequeñas como las ruedas puede fermentar o enranciarse. Cada vez que el microondas calienta, ese calor reactiva los olores como si alguien volviera a abrir un táper viejo. Por eso el problema parece “misterioso”, el interior puede verse limpio, pero el olor vuelve en cuanto se pulsa iniciar.
Cómo limpiar el soporte del plato y la base sin dañar el microondas
Para evitar sustos, conviene desenchufar el aparato y dejar que se enfríe si se acaba de usar. Luego se retira el plato de cristal con cuidado y se saca el aro. El aro se lava en el fregadero con agua caliente y jabón de platos, frotando ruedas y huecos con un cepillo suave o un paño que llegue a las ranuras. Si hay costra, se deja unos minutos en remojo y se vuelve a frotar sin rascar con estropajos duros.
Después toca la base del microondas, justo donde apoya el aro. Ahí suele quedar una capa pegajosa que frena el giro. Con un paño húmedo y una gota de detergente sale bien. Antes de montar, es clave secar bien el aro, el plato y la base, la humedad atrapada alimenta el olor y empeora el atasco.
Truco de vapor con vinagre o limón para aflojar la suciedad difícil
Cuando la grasa está rebelde, funciona calentar un bol apto con agua y un chorrito de vinagre, o con unas rodajas de limón. El vapor ablanda lo pegado en paredes y techo, y facilita pasar el paño sin pelearse. Aun así, si el aro está muy sucio conviene sacarlo y frotarlo aparte, porque las ruedas acumulan restos donde el paño interior no llega.
Hábitos simples para que no vuelva el olor y el plato gire suave
La rutina más efectiva es actuar en pequeño antes de que se haga grande. Si hay salpicaduras, se limpian cuando aún están tiernas. Al sacar el plato para lavarlo, se mira el aro un segundo, ese gesto evita semanas de suciedad oculta. También ayuda usar una tapa anti-salpicaduras y no calentar salsas destapadas.
Si el aro se monta húmedo, el olor vuelve antes. Y si se notan ruedas gastadas, un aro deformado, o el plato sigue atascándose tras una buena limpieza, puede tocar recambio o revisión. Un poco de mantenimiento ahorra ruidos, olores y microondas torpes.
Limpiar ese aro escondido cambia el ambiente de la cocina más de lo que parece. Con el soporte limpio, el aparato calienta sin arrastrar olores viejos y el plato vuelve a un giro suave. La próxima vez que se saque el plato, merece la pena mirar debajo, ese lugar olvidado suele ser el verdadero origen de cocinar sin olores.


