#Salud: Este es el peor momento del día para volar según un experto en aviación

0
53


Elegir la hora de un vuelo no solo cambia el precio, también puede cambiar el nivel de estrés. Un mismo trayecto puede sentirse sencillo o convertirse en una carrera de obstáculos por retrasos y conexiones perdidas. Por eso el horario importa cuando se busca viajar con más calma.

La idea principal es clara: el último vuelo del día suele ser el más problemático. No porque sea menos seguro, ya que la seguridad aérea no depende de la hora, sino porque aumenta la probabilidad de interrupciones y de quedarse sin alternativas cuando algo falla.

¿Por qué el último vuelo del día suele salir peor?

Un experto del sector explica que el final de la jornada es donde se acumulan los problemas. La operación aérea funciona como una cadena: el mismo avión puede hacer varios tramos, la tripulación rota según turnos y las puertas de embarque se reasignan a lo largo del día. Cuando aparece un retraso temprano, por meteorología, tráfico o una incidencia menor, ese tiempo no se esfuma, se va arrastrando vuelo tras vuelo. Ese efecto dominó se nota especialmente al anochecer, cuando ya casi no queda margen para “recuperar” minutos.

También influye el contexto humano y logístico. A última hora, el cansancio pesa más, tanto en pasajeros como en equipos en tierra. Además, los agentes de puerta suelen estar gestionando reubicaciones de viajeros que ya han perdido enlaces antes. Esa presión acelera el embarque y reduce la paciencia en la terminal.

El problema más serio llega cuando el vuelo se tuerce. En la última salida del día hay menos opciones de rebooking, y una conexión perdida puede terminar en noche imprevista en otra ciudad. En muchos aeropuertos, a esas horas también hay menos servicios abiertos, y resolver un contratiempo se vuelve más incómodo.

Foto Freepik

Tarde y noche: más retrasos y, a veces, más turbulencia

Los análisis recientes sobre puntualidad suelen situar la franja más delicada entre media tarde y primera noche. En particular, se repiten picos de congestión alrededor del mediodía y primeras horas de la tarde (por ejemplo, 13:00 a 14:00), y otra ventana intensa desde el final de la tarde hasta la noche (a menudo entre 18:00 y 22:00). A eso se suma un tramo amplio en el que los retrasos tienden a concentrarse, aproximadamente entre 14:00 y 19:00, porque coinciden más tráfico y menos capacidad para absorber incidencias.

En esa franja, algunos vuelos también se sienten más movidos. La explicación suele ser simple: el calor de la tarde calienta el suelo, el aire asciende de forma irregular y aparecen corrientes que provocan sacudidas, sobre todo en rutas sobre tierra y en climas cálidos. Esa turbulencia suele ser incómoda, pero no suele ser peligrosa. Los aviones están preparados para ella, y los pilotos ajustan altitud o ruta cuando conviene.

¿Cuándo conviene volar para ir más tranquilo y qué hacer si no hay opción?

Si se busca equilibrio, muchos viajeros salen ganando con salidas de media mañana. Es una hora lo bastante temprana para esquivar parte del retraso en cadena, pero lo bastante tardía para encontrar operaciones ya rodando, con más personal disponible y servicios del aeropuerto abiertos.

Te podría interesar:

Volar muy temprano a veces reduce el riesgo de arrastre de demoras, pero tiene su cara B. Algunos aeropuertos funcionan con dotación mínima, y si aparece una incidencia técnica o de atención al cliente, la solución puede tardar más que a media jornada.

También hay días que complican cualquier horario. El viernes por la tarde suele mezclar viajeros de trabajo y de ocio, con aviones llenos y más tensión. Las vísperas de festivos suelen sumar terminales saturadas y listas de espera más largas, así que un contratiempo pequeño se agranda.

Cuando no queda otra que volar tarde, conviene dejar más margen en conexiones, evitar enlaces ajustados y llevar en cabina lo esencial para pasar horas sin equipaje facturado. Si el motivo del viaje no admite fallos, como un crucero, una boda o una reunión clave, llegar el día anterior sigue siendo una de las decisiones más tranquilas.

En conjunto, evitar el último vuelo del día reduce el riesgo de heredar retrasos y de quedarse sin plan B. A cambio, la media mañana suele ofrecer una experiencia más estable, con más apoyo operativo y menos presión acumulada. Para quien solo puede volar al final, un poco de margen y una planificación simple pueden cambiar el viaje de principio a fin.

¿Le resultó útil este artículo?


💬

Únete al canal de WhatsApp ahora y no te pierdas ninguna novedad

Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial.
Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional
y un redactor jefe, garantizando así su exactitud, su pertinencia y su conformidad con los
estándares editoriales.



Source link