En muchos alojamientos, lo que desaparece no siempre responde a “maldad” pura. A veces pesa la costumbre, otras veces la confusión entre lo que es una cortesía y lo que forma parte del inventario. Aun así, cuando el personal hotelero cuenta lo que más falta tras el check-out, el patrón se repite: las toallas encabezan la lista, por delante de otros artículos tentadores. Y el efecto no se queda en una anécdota, también impacta en costes, políticas internas y, en algunos casos, en cargos al huésped.
Las toallas son el objeto más robado de las habitaciones de hotel
Las encuestas recientes a hoteleros sitúan a las toallas como el objeto que más se sustrae. En un informe sectorial basado en respuestas de profesionales, cerca del 79,2% de los hoteles afirma haber sufrido robos de toallas. Es decir, aparecen en la mayoría de relatos, por encima de albornoces y perchas. Otra consulta a personal y propietarios compartida en medios de estilo de vida también apunta a lo mismo: más de ocho de cada diez trabajadores mencionan toallas como lo que más “vuela”.
El problema se magnifica porque la pérdida se repite a diario. No es un artículo aislado, es un básico que se repone sin parar. Además, muchos juegos llevan logotipo o bordado; eso los hace identificables, pero no necesariamente disuasorios. La suma duele por acumulación: un establecimiento puede perder pocas por semana y aun así acabar con una factura importante al cerrar el año. En España, por ejemplo, se ha informado de cadenas que llegan a perder decenas de miles de toallas al año en su red de hoteles.
¿Por qué se roban tanto las toallas y qué piensa el huésped al hacerlo?
La explicación práctica es simple: una toalla se dobla, se esconde y entra en cualquier maleta. Un experto del sector de alquiler vacacional lo resumía de forma clara al analizar el fenómeno: es un objeto cómodo de “camuflar” y difícil de detectar en el momento.
Luego está la parte mental. Algunas personas lo justifican por lo que han pagado por la habitación, como si el precio incluyera un extra no dicho. Otras lo convierten en un recuerdo, sobre todo si lleva marca. Y, quizá lo más importante, muchos no lo viven como un robo “de verdad” cuando se trata del baño. Ese mismo desenfoque se nota con artículos pequeños: si el hotel los repone, se asume que llevárselos “no pasa nada”. Esa normalización reduce la culpa y alimenta la repetición.
Otros objetos que suelen desaparecer y la confusión con los “gratis”
En segundo lugar suelen aparecer los albornoces. Varios empleados cuentan que algunos huéspedes creen que son un obsequio, cuando no lo son. Además, suelen ser piezas de calidad, con un coste unitario relevante para el hotel, lo que hace que cada falta se note más en la cuenta.
También desaparecen perchas, porque pesan poco y ocupan poco. A eso se suman los amenities como champú, jabón o pañuelos. Aquí la frontera se vuelve borrosa: muchas personas asumen que, al estar pensados para reponerse, se pueden guardar sin consecuencias. El personal, en cambio, suele distinguir entre consumibles de cortesía y artículos reutilizables.
En otros relatos se repiten mantas, almohadas, secadores, bolígrafos, platos y mandos a distancia. No siempre es frecuente, pero sí lo bastante común como para que muchos hoteles lo tengan en el radar.
¿Qué le cuesta al hotel y qué riesgos asume el huésped?
El robo en hoteles tiene un impacto económico amplio. En Estados Unidos se ha estimado un coste anual en torno a 100 millones de dólares para la industria. Y aunque esa cifra varía por país y tipo de alojamiento, la lógica se mantiene: lo que se repone sale de algún sitio, y a menudo empuja precios o recorta márgenes.
Además, muchos hoteles pueden aplicar un cargo en cuenta si detectan faltantes, sobre todo en objetos claros como toallas, albornoces o ropa de cama. Por eso conviene separar lo consumible de lo patrimonial, ya que una mini-talla suele ser cortesía, pero una toalla no lo es.
Si no queda claro si algo es cortesía, lo más prudente es preguntar en recepción o revisar la información de la habitación. Esa simple verificación evita malentendidos con toallas, albornoces, amenities y cualquier posible cargo en cuenta.
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Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial.
Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional
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