El cáncer colorrectal agrupa los tumores del colon y del recto. A veces avanza en silencio, pero cuando da señales, reconocerlas a tiempo puede cambiar el pronóstico. La razón es sencilla: si se detecta pronto, suele tratarse con mejores resultados y, en muchos casos, una colonoscopia permite localizar y retirar pólipos antes de que se conviertan en un problema mayor.
En los últimos años, los especialistas han insistido en un punto incómodo: la incidencia en adultos jóvenes ha subido de forma sostenida, con incrementos aproximados del uno al dos por ciento anual desde los años noventa. Aunque el número total de casos en gente joven sigue siendo menor, el aumento preocupa. Por eso conviene conocer las señales tempranas, sin alarmismo, porque muchas tienen causas benignas, pero si persisten merecen revisión.
Sangre en las heces: la señal que nunca conviene normalizar
La sangre en las heces puede verse roja y brillante, más oscura, o aparecer como manchas en el papel, en la superficie de las heces, o en el inodoro. También puede haber sangrado leve que no se aprecia a simple vista y se detecta con pruebas de heces.
Las hemorroides explican muchos episodios, pero darlo por hecho sin valoración retrasa diagnósticos. Preocupa más si el sangrado se repite, aumenta, se acompaña de moco, o aparece junto con dolor, cambios del ritmo intestinal, pérdida de peso o anemia. En consulta suelen proponer una analítica, un test de sangre oculta en heces y, cuando corresponde, una colonoscopia, que permite ver el interior del colon y retirar pólipos en el mismo acto.
Cambios en el hábito intestinal que duran y no encajan con lo de siempre
Otra señal temprana típica son los cambios persistentes al ir al baño. Puede ser diarrea que no cede, estreñimiento nuevo, alternancia entre ambos, heces más finas de lo habitual, o la sensación de evacuación incompleta, como si el cuerpo no terminara el trabajo.
Estos cambios pueden aparecer por irritación, inflamación o un estrechamiento parcial del intestino. Aun así, el estrés, los viajes, una infección o un cambio de dieta también influyen. La clave es la duración y el contraste con el patrón habitual de la persona. Para la consulta ayuda anotar desde cuándo ocurre, con qué frecuencia, qué medicamentos toma, si hay fiebre y si aparece sangre.
Dolor abdominal, hinchazón y cansancio: cuando el cuerpo avisa por dentro
El dolor abdominal puede sentirse como cólico, presión o molestia persistente. A veces se acompaña de hinchazón que no mejora. Hay quien lo describe como llegar al final del día con la ropa más apretada, o con gases que no se explican. No siempre es grave, pero cuando se vuelve constante o se suma a otros síntomas, conviene descartar causas importantes.
El cansancio continuo también cuenta, sobre todo si existe anemia por falta de hierro, que puede indicar una pérdida lenta de sangre en el tubo digestivo. Palidez, falta de aire al subir escaleras o debilidad inusual son pistas frecuentes, y una analítica puede detectarlo. En investigación clínica, dolor abdominal, diarrea, sangrado rectal y anemia ferropénica aparecen como banderas rojas que pueden presentarse meses antes del diagnóstico. Síntomas vagos no significan cáncer, pero si se mantienen, deben revisarse.
¿Cuándo pedir cita y qué pruebas suelen proponer?
Se recomienda pedir cita si un síntoma es nuevo, dura varias semanas, empeora, o aparece combinado con otros. En muchas guías el cribado comienza a los 45 años, mientras que en España existen programas poblacionales con test de sangre oculta en heces, a menudo entre los 50 y 69 años. Aun así, algunas personas necesitan empezar antes, por ejemplo si hay un familiar de primer grado con cáncer colorrectal, o si existe enfermedad inflamatoria intestinal como Crohn o colitis ulcerosa.
En la evaluación suelen plantearse análisis de sangre para ver anemia, pruebas de heces y, según el caso, colonoscopia o colonoscopia virtual. La colonoscopia se considera una prueba muy segura, y su valor no es solo detectar, también prevenir al retirar pólipos.
Con estas señales en mente, una persona puede actuar antes y con más calma. La mayoría de los síntomas se explican por causas no cancerosas, pero ignorarlos de forma prolongada puede salir caro. Anotar qué pasa, desde cuándo y cómo evoluciona facilita una conversación útil con el profesional sanitario, y abre la puerta a pruebas simples que aclaran el panorama. Escuchar al cuerpo suele ser un buen punto de partida.
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Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial.
Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional
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