La cáscara de los huevos posee entre 7.000 y 15.000 poros microscópicos que facilitan el intercambio de gases y pueden permitir la entrada de bacterias. Una capa protectora natural, presente al momento de la puesta, actúa como barrera contra contaminantes. Por este motivo, no se recomienda lavar los huevos antes de almacenarlos para preservar dicha capa.
La refrigeración es avalada por estudios científicos como método efectivo de conservación. Los cambios bruscos de temperatura generan condensación en la cáscara, lo que favorece el crecimiento bacteriano. Expertos en seguridad alimentaria indican que mantener los huevos en refrigeración reduce riesgos de contaminación.
Para un almacenamiento adecuado, se recomienda:
– Ubicar los huevos en estantes interiores del refrigerador, evitando la puerta debido a las fluctuaciones térmicas.
– Mantener una temperatura inferior a 4°C, especialmente en épocas de calor.
– Conservarlos en su envase original para acceder a información como fecha de caducidad y procedencia.
– Verificar que el envase no presente condensación para prevenir el desarrollo de hongos.
Las prácticas de comercialización varían según la región. En España y la mayoría de países europeos, los huevos se venden a temperatura ambiente y se recomienda refrigerarlos al llegar al hogar, ya que conservan su capa protectora natural. En Estados Unidos, Canadá y Japón, se comercializan refrigerados debido a procesos de lavado industrial que eliminan dicha capa.
La vida útil de los huevos refrigerados es de 4 a 5 semanas, mientras que a temperatura ambiente se reduce a 1 o 2 semanas. Los huevos con grietas o roturas deben descartarse para evitar contaminación cruzada. Antes de su consumo, se aconseja lavar la cáscara para eliminar residuos, pudiendo utilizarse desinfectantes específicos si es necesario.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**


