#Salud: ¿Es el Helicobacter Pylori el responsable de mi acidez de estómago?

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La acidez de estómago es un síntoma común, y aun así suele generar inquietud. Ese ardor que sube hacia el pecho, o la sensación de fuego tras comer, hace que muchas personas piensen de inmediato en una infección. Por eso aparece una duda repetida: si Helicobacter pylori puede ser el culpable.

La respuesta no es un sí automático. La acidez puede venir del reflujo, de irritantes o de una gastritis sin bacteria. Entender esa diferencia ahorra tiempo, pruebas innecesarias y tratamientos mal enfocados.

¿Qué es Helicobacter pylori y cómo puede irritar el estómago?

Helicobacter pylori es una bacteria capaz de vivir en el estómago, un lugar muy ácido. Lo consigue gracias a una enzima llamada ureasa, que le ayuda a “amortiguar” el ácido a su alrededor. Con el tiempo, esa presencia puede inflamar la mucosa y causar gastritis. En algunas personas, también favorece la aparición de úlceras.

Aun así, conviene separar conceptos. La acidez suele describir pirosis o ardor, y muchas veces tiene más relación con el contenido ácido que sube al esófago que con el estómago en sí. Además, una idea clave: muchas personas con H. pylori no tienen síntomas. Por eso, encontrar la bacteria no siempre explica la acidez, y no encontrarla no descarta otros problemas digestivos.

Acidez no siempre es H. pylori, otras causas que suelen confundirse

La acidez puede aparecer por dos caminos principales. Uno es el reflujo gastroesofágico, cuando el esfínter que separa estómago y esófago no cierra bien. El otro es la irritación gástrica, que da ardor o molestia en la “boca del estómago”, a veces sin reflujo claro.

En el día a día, hay desencadenantes típicos que se confunden con infección. El café, los refrescos, el alcohol y el picante irritan o facilitan el reflujo en personas sensibles. También influyen el chocolate, el tomate y algunas frutas ácidas. El tabaco suele empeorar el ardor, y ciertos fármacos, como antiinflamatorios tipo ibuprofeno o aspirina, pueden inflamar la mucosa.

El estrés no “crea” la acidez por sí solo, pero sí puede aumentar la percepción del ardor y alterar hábitos, como comer rápido o dormir mal, que lo empeoran.

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Señales que orientan a H. pylori y cuándo conviene hacerse pruebas

Cuando H. pylori da síntomas, suele hacerlo como dispepsia. Puede aparecer dolor o quemazón en la parte alta del abdomen, hinchazón, náuseas, eructos y saciedad rápida. A veces hay menos apetito, o el ardor empeora en ayunas. No hace falta que estén todos para sospecharlo, y también pueden parecerse a un reflujo común.

Hay situaciones en las que conviene consultar sin demora. Sangre en el vómito, heces negras, pérdida de peso marcada, anemia, dolor intenso o dificultad para tragar son señales de alarma. En esos casos, el objetivo no es solo buscar la bacteria, sino descartar sangrado o lesiones que requieran atención inmediata. Si la acidez persiste varias semanas, o recurre pese a cuidados básicos, también tiene sentido valorar pruebas.

¿Cómo se diagnostica y qué tratamientos suelen funcionar si hay infección?

Para detectar infección activa se usan pruebas no invasivas, como el test de aliento con urea y el análisis de heces. La endoscopia se reserva cuando hace falta ver la mucosa, tomar biopsias o valorar úlceras, sobre todo si hay alarmas.

Si se confirma H. pylori, el tratamiento suele combinar un inhibidor de la bomba de protones, como omeprazol, con antibióticos durante diez a catorce días. En muchos lugares se prefiere la terapia cuádruple con bismuto porque funciona mejor cuando hay resistencias. Completar el esquema importa, ya que cortar antes favorece fallos y recaídas. Náuseas, diarrea o sabor metálico pueden aparecer, y suelen ser temporales. Mientras se trata, ayuda una dieta suave, con verduras cocidas y frutas menos ácidas, y menos sal e irritantes.

La acidez de estómago puede coincidir con H. pylori, pero también puede venir del reflujo o de irritación por hábitos. La forma segura de saberlo es con pruebas adecuadas, no solo por síntomas. Si el ardor se repite, interfiere con el sueño o no mejora, conviene una evaluación médica. Y si aparecen señales de alarma, la consulta debe ser inmediata, porque el objetivo es proteger la salud digestiva cuanto antes.

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