#Salud: El peligro oculto que acecha a tus hijos en las redes sociales

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El móvil está en la mesa, vibra, y el gesto del menor cambia en un segundo. No hay gritos ni señales claras. Solo una notificación y una puerta que se cierra. Ahí es donde suele vivir el peligro oculto en redes sociales, no siempre es “contenido fuerte”, también es manipulación, contacto con extraños y pérdida de control sobre la propia imagen.

En España, el uso no es marginal. Datos recientes sitúan el promedio en 1 hora y 17 minutos al día en redes para menores de 4 a 18 años, y la presencia en adolescentes es masiva (la mayoría usa al menos una red social). Con ese volumen, el riesgo no necesita un gran error, le basta una conversación privada o un vídeo “inocente” que se desborda.

¿Por qué el riesgo no se nota hasta que ya hizo daño?

Muchos problemas crecen en silencio porque el menor siente vergüenza, teme que le quiten el móvil o cree que “es normal”. Los algoritmos también empujan a quedarse más tiempo y a ver contenido cada vez más intenso, desde retos que piden pruebas hasta mensajes privados de cuentas falsas que se presentan como amigos.

Señales discretas que suelen pasar por cosas de la edad

Suelen aparecer cambios pequeños pero repetidos: sueño alterado, irritabilidad al dejar el teléfono, borrado de chats, uso de doble pantalla, aislamiento, bajada de notas, nuevas cuentas o un cuidado excesivo del móvil. Una señal sola no prueba nada, pero varias juntas suelen pedir una conversación serena y a tiempo.

Los peligros más invisibles en redes, más allá del contenido inapropiado

El daño real muchas veces no llega por lo que se ve en abierto, sino por lo que ocurre en privado o por lo que otros hacen con la imagen del menor. Aquí entran términos que conviene conocer para pedir ayuda con precisión: grooming, sextorsión, deepfakes y sharenting.

Grooming y sextorsión, cuando un desconocido se vuelve “amigo”

El grooming suele empezar con halagos, interés y escucha. Luego se traslada a mensajes privados, se piden secretos, fotos o “pruebas” de confianza. Hoy el engaño puede parecer más creíble porque el adulto adapta el discurso a gustos y miedos del menor. La sextorsión llega cuando esa intimidad se convierte en chantaje: miedo, aislamiento y riesgo de quedar atrapado en una cadena de amenazas que puede saltar fuera de la pantalla.

Foto Freepik

Deepfakes y montajes, una foto puede convertirse en un arma

Un deepfake es una imagen o vídeo falso que parece real. En menores, el impacto es duro: humillación, extorsión y difusión rápida, con borrado casi imposible. Lo más inquietante es que no hace falta que el menor haya enviado nada íntimo para ser víctima, basta una foto pública y alguien dispuesto a manipularla.

Ciberacoso y presión por likes, el golpe a la autoestima

El acoso ya no termina al salir del cole, sigue en casa y en el bolsillo. La comparación constante y el miedo a quedar fuera alimentan ansiedad, tristeza o enfado. Conviene recordar algo básico: culpar al menor suele cerrarle la boca justo cuando más necesita apoyo.

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Sharenting, cuando la exposición empieza en casa

Sharenting es publicar sobre hijos e hijas (fotos, uniforme, rutinas, lugares). Eso puede abrir grietas de privacidad, permitir usos por terceros y dejar una huella que el menor no eligió. Pedir permiso cuando sea posible y evitar datos visibles (centro, horarios, ubicaciones) reduce mucho el riesgo.

Cómo protegerlos sin espiar, reglas claras que sí funcionan en casa

La protección funciona mejor con acuerdos familiares y hábitos simples: cuentas privadas, ubicación desactivada, revisión periódica de seguidores, filtros de mensajes y límites de tiempo realistas. Si el uso se dispara a muchas horas al día, no suele ser “capricho”, a veces es presión social o un problema que no se atreve a contar.

Conversaciones que abren puertas, frases que cierran la confianza

Ayuda hablar de seguridad como se habla de cruzar la calle, con calma y sin juicio. Frases como “si algo te incomoda, lo vemos juntos” o “prefiero que me lo cuentes y lo resolvamos” suelen abrir puertas. En cambio, “te lo dije” o “dame el móvil ahora” suelen empujar el problema a la sombra. El objetivo es que pida ayuda rápido, no que aprenda a esconderse mejor.

Checklist simple de privacidad y seguridad, en cinco minutos

Basta con revisar quién puede escribirle, activar filtros de solicitudes, reforzar contraseñas y la verificación en dos pasos, y recordar cómo bloquear y reportar. Conviene repetirlo cada cierto tiempo porque las apps cambian y los ajustes se mueven.

El peligro oculto baja cuando hay presencia adulta, límites y confianza. Hoy puede elegirse una regla familiar simple, esta semana revisar privacidad y seguidores, y dejar pactada una palabra o señal para pedir ayuda si algo incomoda. Esa pequeña puerta abierta suele marcar la diferencia.

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