#Salud: el ayuno intermitente no funciona como creíamos

0
31


El ayuno intermitente se convirtió en un símbolo del mundo fitness, con ventanas de 14 a 16 horas sin comer y promesas de “quemar grasa” sin contar calorías. Suena simple, casi elegante. En un contexto donde la OMS estimó que 2.500 millones de personas tenían sobrepeso, cualquier atajo se vuelve viral. Sin embargo, cuando se revisa la evidencia más sólida, el brillo baja y aparecen matices.

¿Qué dice la evidencia reciente? Sin filtros ni promesas

Las revisiones más rigurosas comparan el ayuno intermitente con consejos dietéticos habituales o dietas hipocalóricas clásicas. El resultado es consistente: no se ven ventajas claras para adelgazar a largo plazo solo por cambiar el horario. En otras palabras, el cuerpo no “se acelera” por pasar más horas sin comer.

El punto central es sencillo y poco glamuroso: el cambio en la báscula depende sobre todo de la restricción calórica total, no del reloj. Por eso, basarse en anécdotas de redes sociales suele confundir, porque mezcla rutina, motivación y adherencia con resultados que no siempre se repiten. La evidencia actual no respalda el entusiasmo que suele rodear al ayuno intermitente, aunque puede encajar en ciertos perfiles si se personaliza.

La revisión que más pesa: ensayos clínicos y resultados reales

Una revisión reciente de la Cochrane Library reunió 22 ensayos clínicos aleatorizados con 1.995 adultos con sobrepeso u obesidad, de regiones como Norteamérica, Europa, China, Australia y Sudamérica. También incluyó varias formas de ayuno: restricción en el tiempo (como 16:8), días alternos y esquemas periódicos. En algunos estudios, el seguimiento llegó hasta 12 meses.

El hallazgo clave fue que la pérdida de peso fue modesta y, lo más importante, sin diferencias clínicamente relevantes frente a enfoques tradicionales. “Clínicamente relevante” significa que el cambio no suele ser lo bastante grande como para mover de forma clara el riesgo de enfermedad en la mayoría de personas. Además, la revisión no mostró mejoras superiores en calidad de vida frente a estrategias comparables.

Foto Freepik

Por qué “no funciona mejor” no significa “no sirve para nadie”

Que no sea superior no lo convierte en inútil. Para algunas personas, el ayuno intermitente funciona como una estructura que reduce picoteos y facilita comer menos, sin llevar un conteo constante. Aun así, los autores insisten en un asesoramiento individualizado, porque la adherencia manda.

También hay límites: varios ensayos son pequeños, los resultados son a veces inconsistentes y faltan datos en países de ingresos bajos y medios. Además, se necesita más investigación sobre satisfacción, diabetes y comorbilidades, no solo sobre kilos.

Te podría interesar:

Lo que mucha gente entendió mal sobre la autofagia y el modo quema grasa

La autofagia puede explicarse como un sistema de “reciclaje” celular que se activa cuando hay menos nutrientes. En 2016, el Nobel a Yoshinori Ohsumi por sus hallazgos sobre este proceso se interpretó como un aval indirecto al ayuno para adelgazar. Esa lectura es demasiado simple. La autofagia es un mecanismo biológico interesante, pero no garantiza un resultado en la báscula. Confundir mecanismo con efecto final es como creer que comprar zapatillas nuevas ya mejora el tiempo de carrera.

Autofagia no es sinónimo de perder peso más rápido

Una persona puede pasar horas sin comer y, aun así, compensar luego con porciones mayores. Si el total del día no baja, el peso suele moverse poco. Por eso, la evidencia resumida apunta a lo mismo: la energía total ingerida explica gran parte del cambio.

Fitness en la vida real: qué esperar del ayuno en energía, rendimiento y hábitos

En el gimnasio, el ayuno intermitente se vive con detalles cotidianos: hambre, horarios de trabajo, vida social y entrenos temprano. Si el plan aumenta la irritabilidad, empuja a atracones al romper el ayuno, empeora el sueño o baja el rendimiento, la estrategia deja de ser práctica. En adolescentes, embarazo o antecedentes de trastornos de la conducta alimentaria, se requiere especial cuidado y supervisión profesional. El ayuno puede ordenar la rutina, pero no sustituye la calidad de la dieta ni un déficit sostenible. La promesa de que “solo con el horario” se logra más, hoy suena menos convincente.

Menos magia, más estrategia sostenible

La evidencia reciente baja el volumen de las promesas y devuelve el foco a lo que suele funcionar: déficit calórico mantenible, buena calidad de alimentos y un plan que se pueda sostener. El ayuno intermitente puede ser una herramienta para algunas personas, pero en promedio no supera a los métodos tradicionales. Si hay dudas, lo más sensato es ajustar el enfoque con un profesional y elegir lo más llevadero en el tiempo.

¿Le resultó útil este artículo?



Source link