Epicondilitis medial: causas, síntomas y tratamientos para el codo de golfista

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La epicondilitis medial, conocida como codo de golfista, es una lesión por sobrecarga de los tendones flexores del antebrazo que provoca dolor en la zona interna del codo. Esta condición está asociada a movimientos repetitivos de la muñeca y el antebrazo, como el uso de herramientas, teclear durante períodos prolongados o practicar deportes que requieren agarre, como el golf.

Los factores de riesgo incluyen la edad (mayores de 40 años), el tabaquismo y la falta de descanso en actividades laborales o deportivas que implican esfuerzo repetitivo en la zona.

Los síntomas principales son:
– Dolor al agarrar objetos, girar la muñeca o flexionarla contra resistencia.
– Sensibilidad al tacto en la cara interna del codo.
– Debilidad al apretar o realizar movimientos con el antebrazo.
– Molestias que pueden extenderse hacia el antebrazo y empeorar con actividades repetitivas.

Es importante diferenciar la epicondilitis medial de otras afecciones. Por ejemplo:
– Hormigueo en los dedos anular y meñique al flexionar el codo puede indicar irritación del nervio cubital.
– Rigidez articular o dolor difuso podría sugerir problemas en la articulación del codo.
– Dolor referido desde el cuello o el hombro requiere evaluación adicional.

El tratamiento inicial incluye:
– Modificar o reducir actividades que generen dolor, sin inmovilizar completamente el brazo.
– Aplicar hielo en la zona afectada durante 15 a 20 minutos, varias veces al día.
– Ajustar herramientas, posturas o equipos para disminuir la tensión en el tendón.

El uso de antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), como ibuprofeno o naproxeno, puede aliviar el dolor, pero debe ser supervisado por un profesional de la salud. Las cinchas o soportes para el codo pueden reducir la carga sobre el tendón.

La fisioterapia es clave en la recuperación e incluye:
– Estiramientos de los flexores del antebrazo, evitando provocar dolor.
– Ejercicios isométricos, como apretar una pelota sin mover la muñeca.
– Ejercicios excéntricos, que consisten en bajar la muñeca lentamente con un peso controlado, para mejorar la tolerancia del tendón.

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Se recomienda consultar a un médico en los siguientes casos:
– Persistencia del dolor más allá de una o dos semanas.
– Pérdida notable de fuerza en el brazo o la mano.
– Inflamación, moretones o síntomas que afecten el sueño.
– Impacto significativo en actividades laborales, deportivas o cotidianas.

El diagnóstico suele basarse en una exploración física. En algunos casos, se realiza una ecografía para evaluar el estado del tendón.

Si el dolor no mejora con las medidas iniciales, se pueden considerar tratamientos adicionales:
– Terapia manual y técnicas de fisioterapia, como punción seca o electrólisis percutánea.
– Ondas de choque extracorpóreas.
– Infiltraciones con corticoides para alivio a corto plazo o plasma rico en plaquetas (PRP) para estimular la recuperación del tendón.
– La cirugía se reserva para casos que no responden a otros tratamientos tras varios meses de evolución.

La recuperación requiere un enfoque gradual: reducir la irritación inicial, recuperar fuerza progresivamente y modificar hábitos o actividades que sobrecarguen el codo.

**REDACCIÓN FV MEDIOS**