En redes sociales se ven cada vez más videos de jóvenes con máscaras, colas o movimientos a cuatro patas. Esa visibilidad ha hecho que muchas personas busquen el origen del término Therian y su significado real, más allá del impacto viral.
El tema suele mezclarse con bromas, alarmas o titulares confusos. Por eso conviene mirarlo desde un ángulo lingüístico e histórico. Entender de dónde sale la palabra ayuda a ubicar qué nombra y qué no nombra, y también por qué hoy se usa como etiqueta personal en internet.
La raíz de la palabra: del griego “thēríon” a la idea de “animal-humano”
La palabra “Therian” no nació en TikTok. Viene abreviada de “therianthropy” (en español, teriantropía), un término formado por dos raíces del griego antiguo que se han citado durante décadas en estudios culturales. Por un lado, “thēríon” se entiende como bestia o animal salvaje. Por otro, “ánthrōpos” significa ser humano.
Al unirlas, la idea central queda bastante clara: una mezcla conceptual entre lo humano y lo animal, algo así como “animal-humano”. En su origen, esa combinación servía para hablar de relatos y figuras donde los límites entre persona y bestia se cruzaban. No describía una moda ni un reto, sino una forma de nombrar un motivo recurrente en historias tradicionales.
Con el tiempo, el término largo resultó poco práctico para el uso cotidiano. En comunidades contemporáneas se popularizó la forma corta, Therian, como una etiqueta fácil de recordar, escribir y compartir.
Antes de internet: mitos y folclore que prepararon el terreno del concepto
Mucho antes de que existieran foros o hashtags, varias culturas ya contaban relatos sobre cruces entre humano y animal. Aparecen figuras híbridas como los centauros, deidades con rasgos animales en tradiciones antiguas, o narraciones europeas sobre hombres lobo. También hay historias de mitología y folclore donde la transformación ocurre por magia, castigo, don o ritual.
Estas narrativas no equivalen a lo que hoy se entiende por identidad therian. En los mitos, el foco suele estar en el cambio externo o en la criatura fantástica. En cambio, el uso actual se relaciona más con una vivencia interna. Aun así, ese marco cultural dejó listo el vocabulario para hablar del vínculo simbólico entre lo humano y lo animal sin inventar una palabra desde cero.
El salto a la cultura digital: cómo “Therian” se volvió una etiqueta de identidad
A finales de los años noventa y principios de los dos mil, comunidades en línea en inglés empezaron a usar “therianthropy” para describir una experiencia personal. En esos espacios, algunas personas decían sentir una conexión profunda con un animal real, vivida como algo psicológico o espiritual. En ese contexto, “Therian” se consolidó como abreviatura.
Una pieza clave del vocabulario interno es “theriotype” (teriotipo). Se refiere al animal con el que alguien se identifica, por ejemplo lobo, gato o perro. El punto central, según quienes usan el término, no es una transformación física. Es una forma de describir identidad, sensaciones, hábitos o imaginación, con distintos grados de expresión pública.
La viralidad reciente amplificó ese lenguaje. En plataformas como TikTok e Instagram, la etiqueta se asocia a videos de expresión corporal y a estéticas concretas, lo que a veces simplifica demasiado una experiencia que sus participantes describen como estable y significativa.
Confusiones comunes: Therian no es lo mismo que furry, ni siempre es un tema clínico
Una confusión frecuente es mezclar Therian con furry. El furry fandom suele girar en torno a arte, personajes antropomorfos y disfraces como hobby. En cambio, muchas personas therian hablan de identidad interna ligada a un animal real, no a un personaje inventado.
También aparece la duda sobre salud mental. No conviene etiquetar la experiencia como trastorno por defecto, porque el debate es más amplio y depende del caso. Aun así, si la vivencia causa angustia, aislamiento o pone en riesgo el bienestar, lo razonable es buscar apoyo profesional, igual que con cualquier tema que afecte la vida diaria.
El término, al final, funciona como una palabra puente: conecta raíces antiguas, imaginarios culturales y un uso moderno que internet hizo visible. Entender su lenguaje y su contexto permite hablar con más precisión y menos prejuicios.


