#Salud: ¿Cuántos vasos son el límite?

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El vino tinto suele aparecer en conversaciones sobre salud intestinal por sus polifenoles, compuestos de la piel de la uva que pueden apoyar a la microbiota. El problema es que el vino también tiene alcohol, y el alcohol puede irritar el tubo digestivo y desajustar bacterias sensibles. Este texto busca aclarar una duda práctica: cuántas copas suelen considerarse “moderadas”, qué señales avisan de que ya es demasiado, y en qué casos conviene evitarlo aunque la cantidad sea baja.

¿Qué pasa en el intestino cuando se bebe vino?

En el intestino conviven dos fuerzas. Por un lado, los polifenoles del vino tinto pueden favorecer bacterias útiles y la diversidad microbiana. Por otro, el alcohol puede dañar la barrera intestinal, aumentar la inflamación y facilitar una disbiosis (un desequilibrio de la microbiota).

La respuesta no es igual en todas las personas. Cambia según la microbiota de base, la comida con la que se bebe, el descanso, el estrés y también la frecuencia. No impacta igual una copa con cena que varias copas en ayunas.

Polifenoles del vino tinto: el lado que puede ayudar

Una parte de los polifenoles no se absorbe en el intestino delgado y llega al colon, donde las bacterias los transforman. Esa “cocina” microbiana se asocia con más diversidad y con mayor producción de ácidos grasos de cadena corta (SCFA), sustancias que ayudan a mantener la mucosa intestinal en buen estado.

Estudios recientes han observado que el consumo moderado de vino tinto se relaciona con cambios favorables, como más presencia de bacterias consideradas beneficiosas, y con un perfil microbiano más variado que el de bebidas alcohólicas sin polifenoles.

Alcohol y pared intestinal: el lado que puede perjudicar

Cuando el alcohol se pasa de la raya, el intestino puede comportarse como una pared con grietas. Se altera la barrera, se facilitan procesos inflamatorios y algunas bacterias protectoras disminuyen. El resultado puede sentirse rápido, con hinchazón, acidez, diarrea, más gases o un intestino “revuelto”.

Incluso una sola sesión de bebida puede modificar la microbiota en poco tiempo. Si el exceso se repite, el impacto suele ser mayor y más persistente, sobre todo si se combina con mal sueño o comidas muy grasas.

Foto Freepik

Entonces, ¿Cuántos vasos son el límite para no dañar la microbiota?

Para hablar con claridad conviene definir una copa estándar. En vino, suele equivaler a 125 a 150 ml (según copa y servicio). A partir de ahí, el objetivo práctico es quedarse en un rango de bajo riesgo, entendiendo que es una orientación general, no una regla médica individual.

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En salud intestinal, menos alcohol suele ser mejor. Aun así, si se elige beber, la cantidad y la frecuencia importan tanto como el tipo de vino. El vino tinto aporta polifenoles, pero no “anula” el efecto del alcohol. También cuenta el contexto: beber con comida, hidratarse y evitar acumular copas en una sola noche reduce la carga para el intestino.

Un rango práctico de consumo moderado (y por qué conviene dejar días sin alcohol)

Lo más citado como moderado es hasta 1 copa al día en mujeres y hasta 2 copas al día en hombres, idealmente con 2 a 3 días por semana sin alcohol. Esos descansos funcionan como una pausa para la mucosa intestinal y ayudan a cortar la inercia del hábito, algo clave cuando el objetivo es cuidar la microbiota.

Señales de que el límite personal ya se pasó

Hay pistas sencillas: digestión más pesada, sueño más ligero, más reflujo, diarrea o estreñimiento, hinchazón, gases con peor olor y antojos de ultraprocesados al día siguiente. Si aparecen, suele compensar bajar cantidad o frecuencia, o pasar a opciones sin alcohol.

Casos en los que el vino no es buena idea (aunque sea poco) y alternativas para cuidar el intestino

Por seguridad, el alcohol no encaja en embarazo y lactancia, enfermedad hepática, ciertos fármacos, antecedentes de adicción, brotes de gastritis, reflujo intenso o síntomas digestivos activos. En estos casos, el intestino agradece un enfoque más simple: comer suficiente fibra, priorizar legumbres y verduras, y mantener buena hidratación, sobre todo si hay acidez o diarrea.

Si se busca el beneficio de los polifenoles, no todo depende del vino

Los polifenoles también llegan por uva roja, frutos rojos, cacao puro y aceite de oliva. Y para “alimentar” bacterias buenas, la base sigue siendo la fibra de legumbres, frutas y verduras. La idea no es compensar excesos, sino sostener hábitos que la microbiota pueda aprovechar.

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