El síndrome de Lázaro, también denominado fenómeno de Lázaro, se refiere al retorno espontáneo de la circulación sanguínea tras suspender la reanimación cardiopulmonar (RCP) y declarar muerte clínica. Este evento, documentado en informes médicos, no está asociado a causas sobrenaturales, sino a una respuesta tardía del organismo a las maniobras y fármacos aplicados durante la reanimación.
La muerte clínica se define por la ausencia de respiración, pulso y signos de circulación. La muerte biológica implica daño irreversible en órganos, principalmente el cerebro, tras un período sin oxígeno. El síndrome ocurre cuando el pulso reaparece sin nuevas intervenciones, generalmente minutos después de detener la RCP. Desde su primera descripción en 1982, se han registrado entre 38 y 63 casos en la literatura médica.
Durante un paro cardíaco, la RCP mantiene un flujo sanguíneo mínimo mediante compresiones torácicas. La ausencia de pulso no siempre indica daño irreversible, ya que puede reflejar un flujo sanguíneo indetectable sin monitoreo especializado.
El fenómeno se caracteriza por su aparición espontánea tras suspender la reanimación y no aplica en casos donde la circulación regresa durante la RCP, por errores de medición, hipotermia, intoxicaciones o arritmias intermitentes.
Entre las hipótesis sobre sus causas figuran la acumulación de presión en el tórax durante la RCP, que dificulta el retorno venoso al corazón. Al detener las compresiones, cambios en la presión torácica podrían permitir una recuperación temporal de la actividad cardíaca. Otros factores, como desequilibrios electrolíticos (hiperpotasemia), hipovolemia o efectos retardados de fármacos, también se han considerado.
Casos documentados muestran un patrón recurrente: reanimación prolongada, suspensión por falta de respuesta y recuperación del pulso minutos después sin nuevas maniobras. Un ejemplo es el de una paciente de 79 años con COVID-19 y choque séptico, que recibió 40 minutos de RCP y presentó retorno espontáneo de la circulación tras ser declarada muerta.
Estos episodios han llevado a recomendar un período de monitorización tras detener la RCP para confirmar la ausencia definitiva de circulación, dado que el fenómeno es poco frecuente.
La recuperación del pulso no garantiza una evolución favorable. Los pacientes pueden presentar daño neurológico, inestabilidad cardíaca o requerir soporte en unidades de cuidados intensivos. El enfoque clínico prioriza la evaluación continua y el manejo de complicaciones.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**


