La obesidad ginoide se define por la acumulación de grasa en caderas, glúteos y muslos, configurando una silueta conocida como ‘en forma de pera’. Este patrón, vinculado a factores genéticos y hormonales, presenta un menor riesgo cardiometabólico en comparación con la obesidad androide, aunque puede asociarse a complicaciones como dolor articular, trastornos circulatorios en extremidades inferiores y limitaciones de movilidad.
A diferencia de la obesidad androide —asociada a mayores riesgos de hipertensión, diabetes tipo 2 y dislipidemias—, la ginoide se caracteriza por una reducción más lenta de la grasa en el tren inferior. Sus causas incluyen predisposición genética, desequilibrios hormonales (como niveles elevados de estrógenos), sedentarismo, patrones alimenticios inadecuados, estrés crónico y el uso de ciertos medicamentos, como corticoides o antidepresivos. La evidencia científica indica que la pérdida de grasa requiere un déficit calórico sostenido, sin posibilidad de ‘quema localizada’, y su distribución depende de factores biológicos individuales.
El diagnóstico se realiza mediante evaluación clínica, que incluye historia médica, mediciones antropométricas (relación cintura-cadera e índice de masa corporal) y análisis de hábitos de vida. En casos específicos, se complementa con pruebas clínicas como perfil lipídico, glucemia en ayunas o estudios hormonales para descartar patologías subyacentes.
El tratamiento se basa en un enfoque multidisciplinario:
– **Nutrición**: Déficit calórico moderado (300-500 kcal/día) con un plato equilibrado: 50% verduras, 25% proteínas magras (pescado, legumbres, aves) y 25% carbohidratos complejos (cereales integrales, tubérculos). Se recomienda limitar el consumo de alcohol, azúcares refinados y ultraprocesados, y priorizar la hidratación con agua.
– **Actividad física**: Programa progresivo que combine ejercicio aeróbico (caminata diaria de 15-20 minutos) con entrenamiento de fuerza (sentadillas, zancadas, peso muerto) para incrementar la masa muscular. En pacientes con dolor articular, se sugiere supervisión fisioterapéutica.
En casos de obesidad moderada-severa (IMC ≥ 35 kg/m²), comorbilidades (diabetes, apnea del sueño) o falta de respuesta a cambios en el estilo de vida, se evalúan intervenciones médicas:
– **Farmacológicas**: Medicamentos como liraglutida u orlistat, bajo prescripción y seguimiento especializado.
– **Procedimientos**: Balón intragástrico, técnicas endoscópicas (ESG), gastrectomía vertical o bypass gástrico. Estos métodos requieren controles periódicos y la adopción de hábitos saludables para mantener resultados a largo plazo.
Se desaconsejan soluciones sin respaldo científico, como suplementos ‘quemagrasas’, dietas restrictivas (<1200 kcal/día) o terapias alternativas no validadas. La consulta con un profesional de la salud es prioritaria ante síntomas como aumento rápido de peso (>5% en un mes), fatiga persistente, irregularidades menstruales, dolor articular o alteraciones en la conducta alimentaria. La mejora en la calidad del sueño (7-9 horas/día) y el manejo del estrés mediante técnicas validadas, como la terapia cognitivo-conductual, complementan el enfoque integral.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**


