#Salud: ¿Cómo se contrae la bacteria Helicobacter pylori?

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La Helicobacter pylori vive en el estómago y puede pasar desapercibida durante años. Muchas personas la tienen sin saberlo, porque no siempre provoca molestias. Aun así, cuando se activa o inflama la mucosa, se asocia con gastritis y úlceras, y en algunos casos se vincula con problemas más serios.

La mayoría de los contagios ocurre en la infancia, sobre todo en entornos de convivencia estrecha. Por eso, entender cómo se transmite ayuda a reducir el riesgo en casa, en la escuela y también durante un viaje. No se trata de vivir con miedo, sino de cortar rutas de contagio que suelen ser evitables.

¿Qué es Helicobacter pylori y por qué se transmite con tanta facilidad?

Helicobacter pylori es una bacteria adaptada a un lugar difícil: el estómago. Entra al organismo por la boca y, si logra superar las defensas iniciales, puede instalarse en la mucosa gástrica. Allí puede mantenerse durante mucho tiempo, incluso sin síntomas, como si fuera un huésped silencioso.

Su facilidad para transmitirse se explica por un punto clave: puede pasar de una persona a otra mediante contacto con fluidos y también por contaminación de agua o alimentos. En la práctica, esto suele ocurrir cuando pequeñas trazas de saliva, vómito o materia fecal llegan a la boca de otra persona. En otras palabras, no hace falta una gran exposición. A veces basta con hábitos cotidianos que parecen inocentes.

Las formas más comunes de contagio, de persona a persona y por contaminación

El contagio de persona a persona suele seguir dos caminos: el oral oral y el fecal oral. En el primero, la saliva tiene un papel central. Compartir vasos, cubiertos o una pajilla puede facilitar el paso de la bacteria si hay contacto con saliva. También puede ocurrir al probar comida con la misma cuchara y volverla a introducir en la olla, una costumbre frecuente en casas con niños. Los besos en la boca se consideran una vía posible, aunque no es la única ni necesariamente la más común en todos los contextos.

El segundo camino, el fecal oral, suele depender menos de la cercanía afectiva y más de la higiene. Si una persona infectada va al baño y no se lava bien las manos, la bacteria puede quedar en los dedos y pasar a superficies, picaportes, grifos o alimentos. Esto cobra importancia al cambiar pañales, al ayudar a niños pequeños a limpiarse, o al compartir un baño con limpieza irregular. En cocinas con mucha actividad, una mano mal lavada puede contaminar utensilios o alimentos listos para comer.

Además, el contacto con vómito puede transmitirla en algunos casos, por ejemplo durante cuadros de gastroenteritis en el hogar. En esos momentos, la limpieza rápida y el manejo cuidadoso de objetos y superficies ayudan a cortar la cadena. En general, la higiene básica funciona como una puerta que se cierra a tiempo.

Foto Freepik

Situaciones que aumentan el riesgo en casa, en la escuela y durante un viaje

El riesgo sube cuando hay hacinamiento, varios niños pequeños en casa, baños compartidos y poco tiempo para limpiar con calma. En escuelas y guarderías, el uso común de baños y lavamanos también favorece el contacto indirecto, sobre todo si faltan hábitos sólidos de lavado de manos.

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Durante un viaje, el factor decisivo suele ser el acceso a agua segura y saneamiento. En lugares con buena sanidad, pesa más el contagio entre personas cercanas. En zonas con saneamiento limitado, cobra más importancia el agua y los alimentos contaminados. Por otro lado, un sistema inmune debilitado no suele ser la causa del contagio, pero sí puede facilitar que aparezcan síntomas o complicaciones.

¿Cómo reducir el riesgo de contagio sin obsesionarse con la higiene?

La prevención realista se apoya en rutinas simples. El lavado de manos con agua y jabón después de ir al baño, tras cambiar pañales y antes de manipular comida reduce gran parte del riesgo. Cuando se viaja o hay dudas, conviene priorizar agua potable y evitar hielo de origen incierto. En casa, ayuda lavar bien frutas y verduras, cocinar los alimentos a temperatura adecuada y evitar compartir utensilios si alguien tiene vómitos o diarrea.

También resulta útil limpiar con regularidad superficies de cocina y baño, sobre todo grifos, tiradores y encimeras. Aun así, no existen promesas absolutas. La bacteria puede circular sin dar señales, y no hay una vacuna de uso general. La meta es disminuir exposiciones comunes, no esterilizar la vida diaria.

¿Cuándo conviene consultar y cómo se confirma la infección?

Si aparece dolor o ardor persistente en la parte alta del abdomen, náuseas frecuentes, pérdida de peso sin causa clara, heces negras, o vómitos con sangre, se recomienda consulta médica sin demora. Esos signos no confirman Helicobacter pylori por sí solos, pero sí piden una evaluación.

El diagnóstico se confirma con pruebas, como la prueba de aliento y el análisis de heces. En algunos casos se usa sangre, aunque no siempre distingue infección activa. Según el cuadro, el médico puede indicar una endoscopia. Cuando se confirma, el tratamiento suele combinar antibióticos con un inhibidor de ácido, bajo supervisión, y conviene completar el esquema para mejorar la erradicación y reducir recaídas.

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