Seleccionar calzado adaptado a pies con características específicas —como planos, cavos, anchos o con juanetes— puede reducir molestias y mejorar la movilidad. Un diseño adecuado optimiza el soporte y la comodidad al caminar o permanecer de pie, aunque no corrige condiciones médicas.
Señales de un calzado inadecuado incluyen presión en los laterales del pie, dedos apretados, marcas en el empeine, rozaduras o sensaciones de hormigueo. Estas molestias, si persisten, pueden derivar en ampollas, uñas encarnadas o dolor en tobillos y rodillas. El ajuste debe proporcionar estabilidad sin comprimir.
Para pies atípicos, se recomiendan las siguientes características:
– Punteras amplias que permitan el movimiento natural de los dedos.
– Materiales flexibles, como piel blanda o malla elástica.
– Suelas con amortiguación y base antideslizante.
– Hormas adaptadas a la forma del pie, evitando costuras en zonas sensibles.
– Suelas que flexionen en la zona de los dedos.
Recomendaciones específicas según el tipo de pie:
– **Pies planos:** Calzado con soporte de arco y control de pronación. Evitar modelos planos o sin estructura.
– **Pies cavos:** Amortiguación en talón y metatarsos, suela flexible y cierre ajustable en el empeine.
– **Pies anchos o con juanetes:** Horma amplia, puntera alta y tejidos elásticos para evitar presión en zonas sensibles.
Al probar el calzado, se sugiere hacerlo al final del día, cuando el pie está más hinchado, y caminar unos minutos para evaluar la comodidad. Debe existir un margen de aproximadamente un centímetro delante del dedo más largo, y el talón debe quedar firme sin rozar. Si se utilizan plantillas o férulas, el calzado debe contar con suficiente volumen interno y, preferiblemente, plantilla extraíble.
En casos de dolor persistente, deformidades marcadas o condiciones como diabetes, se recomienda consultar a un especialista para una evaluación personalizada.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**


