#Salud: Comer estos 4 alimentos preserva la salud cerebral después de los 50 años

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La comida no “cura” el Alzheimer, pero sí puede apoyar la salud cerebral y reducir factores de riesgo. A partir de los cincuenta, suelen aumentar la inflamación de bajo grado y el estrés oxidativo. También pesa más la salud vascular, que marca el riego del cerebro. Además, a algunas personas les cuesta más “aprovechar” la glucosa, el combustible principal. Por eso, elegir bien qué se pone en el plato tiene sentido, y estos cuatro alimentos destacan por su apoyo en estudios recientes.

¿Por qué lo que se come después de los 50 influye en la memoria?

El cerebro es como una ciudad que nunca duerme, necesita energía constante y calles despejadas para que circule la sangre. Cuando la dieta se llena de ultraprocesados, grasas de mala calidad y exceso de azúcar, suele subir la inflamación y se dañan más las células por oxidación. Con el tiempo, ese ambiente no ayuda a la memoria ni a la atención.

También cuenta el flujo sanguíneo. Si las arterias pierden elasticidad o la presión se descontrola, el cerebro recibe menos oxígeno y nutrientes. Aun así, el riesgo de Alzheimer es multifactorial, entran el sueño, el ejercicio, el tabaco, la audición, la presión arterial y la glucosa. Sin embargo, la dieta es una palanca diaria, y por eso conviene apoyarse en alimentos con evidencia razonable.

Señales tempranas que conviene tomar en serio

Conviene consultar si aparecen cambios nuevos o progresivos, como olvidos que interfieren con tareas habituales, desorientación en lugares conocidos o dificultad para encontrar palabras. También importan cambios de humor llamativos o apatía sostenida. No es para alarmarse, pero sí para pedir orientación y descartar causas tratables.

Los cuatro alimentos con mejor evidencia para cuidar el cerebro

Las nueces aportan grasas saludables y omega-3 de origen vegetal. En un estudio de dos mil veinticuatro del Barcelonaβeta Brain Research Center se observó que su consumo se asocia con un cerebro más resistente en etapas muy tempranas de cambios vinculados al Alzheimer, y con un mejor uso de la glucosa cerebral en ciertos perfiles de riesgo. Una forma simple de tomarlas es añadirlas a una tostada con aceite de oliva o a una ensalada.

El pescado azul, como el salmón, la sardina o la caballa, concentra omega-3 marinos. Estos lípidos se relacionan con apoyo a la memoria y con un mejor estado del metabolismo energético del cerebro en investigación reciente, sobre todo cuando ya hay señales biológicas sin síntomas. En la práctica, encaja bien al horno con verduras o en una cena ligera con legumbres.

La remolacha destaca por sus nitratos naturales, que favorecen el flujo sanguíneo y pueden apoyar el rendimiento mental. Además, suma folato y otros compuestos útiles para la salud vascular, un punto clave después de los cincuenta. Puede comerse asada en cubos, en ensalada con cítricos o en crema con yogur natural.

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Las bayas y frutas rojas, como arándanos, frambuesas o moras, aportan polifenoles y antioxidantes. En estudios observacionales y ensayos pequeños se asocian con mejor función cognitiva y con menos señales relacionadas con acumulación de proteínas dañinas, dentro de patrones como la dieta MIND. Resultan fáciles en yogur natural o con avena, sin azúcar añadido.

Foto Freepik

Cómo actúan en el cerebro, de forma simple

Comparten un efecto en cadena: grasas buenas que ayudan a las membranas de las neuronas, antioxidantes que bajan el daño celular y compuestos que modulan la inflamación. Además, los nitratos de la remolacha apoyan la circulación, que es como abrir más carriles hacia el cerebro. Aun así, los estudios no prometen certezas, hablan de apoyo y menor riesgo en conjunto.

¿Cómo incorporarlos sin complicarse y sin caer en errores comunes?

La constancia suele ganar a los cambios grandes. Una persona puede empezar con yogur natural y frutas rojas varios días a la semana, y dejar un puñado pequeño de nueces como merienda. Para la comida, la remolacha encaja en una ensalada sencilla, y el pescado azul puede aparecer en comida o cena de forma regular.

Hay matices prácticos: los frutos secos suman calorías, por eso convienen porciones moderadas. En pescado, suele preferirse alternar especies y priorizar opciones con menos mercurio con más frecuencia. La remolacha puede no ser ideal si existe tendencia a cálculos o si se sigue una dieta baja en oxalatos. Además, muchos productos “con frutos rojos” llevan azúcar añadido, y eso resta.

Al final, estos alimentos se complementan porque actúan por vías distintas. Empezar por un solo cambio esta semana suele ser más sostenible, y la constancia termina construyendo mejores hábitos para la salud cerebral.

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