Los posos de café, residuo generado tras la preparación de la infusión, pueden reutilizarse en aplicaciones domésticas, de cuidado personal y jardinería. Para su conservación, se recomienda escurrirlos, secarlos al aire y almacenarlos en un recipiente hermético para evitar la formación de moho y malos olores. No deben desecharse por el desagüe, ya que pueden obstruir las tuberías. Se sugiere realizar pruebas previas en superficies delicadas o piel sensible debido a su capacidad para generar manchas.
En el hogar, los posos secos actúan como neutralizadores de olores en neveras, armarios y al lavarse las manos. También funcionan como abrasivo suave para limpiar ollas, sartenes y encimeras, facilitando la eliminación de grasa sin dañar superficies. En manualidades, se emplean para teñir papel, tela o madera mediante infusión en agua, logrando tonos rústicos.
En el cuidado personal, mezclados con aceites como coco u oliva, los posos pueden usarse como exfoliante corporal. Para muebles de madera, una pasta de posos y agua ayuda a disimular arañazos superficiales, especialmente en tonos oscuros. En jardinería, aportan materia orgánica al compost y al suelo, aunque su uso excesivo puede compactar el sustrato. Una barrera de posos secos alrededor de macetas puede repeler plagas como hormigas o caracoles, aunque su efectividad depende del entorno.
En decoración, se incorporan a velas caseras para aportar aroma a café y un acabado rústico, siempre en proporciones moderadas para no afectar la combustión. Se recomienda probar inicialmente uno o dos usos para evaluar su aplicabilidad en cada caso.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**


