La manipulación adecuada de los alimentos es esencial para evitar riesgos de contaminación. Aunque el lavado de frutas y verduras es una práctica habitual, ciertos alimentos no deben someterse a este proceso para prevenir la proliferación de bacterias y la pérdida de nutrientes. El agua puede facilitar la propagación de microorganismos y reducir el contenido de vitaminas y minerales solubles en agua, afectando su valor nutricional.
Los huevos cuentan con una capa protectora natural denominada cutícula, que actúa como barrera contra bacterias. Lavarlos elimina esta protección, incrementando el riesgo de contaminación por patógenos como *Salmonella*. Se recomienda almacenarlos en refrigeración y manipularlos con las manos limpias.
En el caso de la carne cruda, incluyendo pollo, el lavado no elimina bacterias como *Salmonella*, *E. coli* o *Campylobacter*, sino que puede dispersarlas en superficies de la cocina. La cocción a temperaturas seguras —al menos 75 °C para el pollo— es el método más eficaz para garantizar su inocuidad.
Las setas, debido a su textura porosa, absorben agua, lo que altera su sabor y consistencia. Se sugiere limpiarlas con un paño húmedo o un cepillo suave para retirar residuos sin afectar sus propiedades.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**


