#Salud: ¿A qué hora hacer ejercicio? Un nuevo estudio revela el momento ideal

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Muchas personas entrenan cuando pueden, no cuando quieren. Aun así, la pregunta sigue ahí: ¿hay una mejor hora para hacer ejercicio? La idea que más fuerza ha ganado sitúa la mañana, sobre todo entre las 7:00 y las 8:00, como una franja favorable. Sin embargo, los datos verificables disponibles apuntan con más claridad a un rango algo más amplio, entre las 7:00 y las 9:00, y lo relacionan sobre todo con el peso corporal. Por eso conviene mirar el hallazgo con calma, entender qué sí se sabe y qué todavía no está del todo confirmado.

Lo que encontró el estudio sobre la mejor hora para entrenar

En las fuentes revisadas no apareció confirmación sólida de un estudio reciente con unas 14.000 personas y dispositivos inteligentes que relacionara el ejercicio entre las 7:00 y las 8:00 con menos obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedad coronaria e hiperlipidemia. Esa versión se ha repetido mucho, pero no pudo verificarse con los datos disponibles.

Lo que sí apareció fue un análisis con datos de NHANES, una gran encuesta de salud en Estados Unidos. Ese trabajo estudió a 5.285 adultos y usó acelerómetros para medir la actividad física de forma objetiva. No se basó en recuerdos ni en estimaciones generales, y eso le da más peso al resultado.

Los investigadores agruparon a los participantes según la hora en la que solían hacer actividad física moderada o intensa. Había un grupo de mañana, entre las 7:00 y las 9:00; otro al mediodía; y otro por la tarde o noche. Después compararon esos patrones con indicadores de peso y composición corporal.

El resultado fue llamativo. Quienes concentraban el ejercicio en la mañana mostraron una relación más favorable con el control del peso. El grupo matutino registró un IMC medio de 25,9, mientras que el grupo del mediodía llegó a 27,6 y el de tarde o noche a 27,2. No es una diferencia pequeña, porque en términos prácticos separa un perfil más cercano al sobrepeso leve de otro más alto.

Eso no significa que entrenar por la tarde sea malo. Significa algo más fino: a igual hábito de moverse, la hora del ejercicio podría influir en cómo responde el cuerpo. Ahora bien, con la información confirmada no se pueden atribuir porcentajes exactos de reducción para diabetes, hipertensión o colesterol alto. Esa parte aún necesita respaldo más claro.

¿Por qué el ejercicio temprano puede dar más beneficios al cuerpo?

El cuerpo no trabaja igual a todas las horas. Tiene un reloj interno, el llamado ritmo circadiano, que regula la energía, el apetito, la liberación de hormonas y la forma en que usa la glucosa y las grasas. Por eso la misma caminata no siempre produce la misma respuesta.

Cuando una persona entrena temprano, el movimiento llega en un momento en que el organismo empieza a activarse. Esa señal puede ayudar a ordenar el día biológico, algo parecido a ajustar un reloj que iba unos minutos retrasado. Si el cuerpo recibe luz, actividad y una rutina estable a primera hora, suele coordinar mejor sus procesos.

También hay una explicación metabólica. El ejercicio matutino puede mejorar la sensibilidad a la insulina y facilitar el manejo del azúcar en sangre durante el resto del día. A la vez, parece favorecer el uso de grasa como combustible en ciertos contextos, sobre todo cuando la sesión es aeróbica y de intensidad moderada.

La presión arterial también sigue un ritmo diario. Suele variar según la hora, el descanso y el nivel de estrés. Por eso no sorprende que moverse temprano pueda encajar bien con una respuesta cardiovascular más ordenada. Eso sí, no hace magia. Si una persona duerme poco, come mal y vive con estrés constante, el horario por sí solo no compensa todo.

Otros trabajos habían sugerido ventajas de la tarde para rendir más, ganar fuerza o entrenar con más temperatura muscular. Esa idea sigue teniendo sentido para metas deportivas. Sin embargo, cuando la conversación gira hacia salud general y control del peso, la mañana aparece como una apuesta seria. La clave está en no mezclar objetivos: una cosa es rendir al máximo, otra es proteger mejor la salud cardiometabólica.

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Foto Freepik

¿Cómo aplicar este hallazgo sin obsesionarse con el reloj?

La lectura práctica es sencilla. Si una persona puede elegir, entrenar temprano parece una buena decisión. No porque sea una regla sagrada, sino porque el cuerpo podría responder mejor y porque esa franja suele sufrir menos interrupciones del trabajo, las citas o el cansancio acumulado.

Aun así, la constancia pesa más que la perfección. Una sesión a las 19:00 sostenida cuatro veces por semana vale más que un intento heroico a las 7:00 que dura seis días. El mejor horario real es el que cabe en la vida diaria y se puede mantener sin lucha constante.

Para quien quiera probar la mañana, conviene empezar con poco. Un paseo rápido, bicicleta suave o una rutina corta de fuerza puede bastar. También ayuda dejar la ropa lista, revisar el despertador y pensar el desayuno la noche anterior. Ese tipo de preparación reduce la fricción, y la fricción suele ser el mayor enemigo del hábito.

Si se entrena en ayunas, la intensidad debe ajustarse. No todo el mundo tolera bien una sesión fuerte sin comer. Algunas personas rinden perfecto; otras se marean o pierden energía enseguida. Escuchar al cuerpo no es una frase vacía, es una medida sensata.

Cuando solo existe la opción de entrenar por la tarde o por la noche, no hay motivo para abandonar la idea. Seguir moviéndose sigue siendo beneficioso para el corazón, el peso, el ánimo y el sueño. En ese caso, lo más útil es evitar sesiones muy intensas demasiado cerca de la hora de dormir, si eso altera el descanso.

La mejor hora existe, pero no manda sola

La evidencia verificable favorece el ejercicio de mañana, sobre todo entre las 7:00 y las 9:00, y el tramo de 7:00 a 8:00 sigue apareciendo como referencia frecuente cuando se habla de salud cardiometabólica. Lo que hoy está mejor respaldado es su relación con un perfil de peso más favorable.

Por eso, este hallazgo sirve como guía práctica. Si la rutina lo permite, madrugar para moverse puede ser una buena jugada. Si no lo permite, mantener el hábito sigue siendo la pieza más valiosa. El reloj ayuda, pero el cuerpo responde mejor cuando encuentra una rutina que puede repetir.

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Este artículo fue elaborado con el apoyo de una herramienta de inteligencia artificial.
Posteriormente, fue objeto de una revisión exhaustiva por parte de un periodista profesional
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