La diabetes tipo 2 se desarrolla cuando el organismo presenta resistencia a la insulina o produce cantidades insuficientes de esta hormona, lo que resulta en niveles elevados de glucosa en sangre. Los síntomas pueden manifestarse de manera progresiva y confundirse con otras condiciones, como fatiga o estrés, por lo que su identificación temprana es relevante.
Entre los signos más frecuentes se encuentran micción frecuente, sed persistente, hambre constante y fatiga sin causa aparente. Estos síntomas suelen presentarse de forma simultánea.
Uno de los primeros indicios es el aumento en la frecuencia urinaria, especialmente durante la noche. Los riñones incrementan su actividad para eliminar el exceso de glucosa, lo que provoca pérdida de líquidos y sed constante, incluso después de consumir agua.
Otros síntomas incluyen hambre excesiva poco después de comer, cansancio prolongado y pérdida de peso sin cambios en la dieta o actividad física. Esto ocurre porque las células no reciben suficiente glucosa como fuente de energía.
La hiperglucemia prolongada puede afectar diversos sistemas del cuerpo. Entre las señales menos evidentes se encuentran visión borrosa intermitente, hormigueo o entumecimiento en extremidades, heridas con cicatrización lenta e infecciones recurrentes, como urinarias, cutáneas o fúngicas.
Se recomienda consultar a un profesional de la salud si varios de estos síntomas persisten durante semanas. Es útil registrar su frecuencia, variaciones en el peso corporal y antecedentes de infecciones o heridas de lenta recuperación. Las pruebas diagnósticas más comunes son la medición de glucosa en ayunas y la hemoglobina glicosilada (HbA1c).
Personas con antecedentes familiares de diabetes, sobrepeso, sedentarismo o hipertensión arterial deben prestar especial atención a estos signos.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**


