El cannabidiol (CID), compuesto no psicoactivo derivado del cannabis, ha sido evaluado en estudios clínicos y meta-análisis por su aplicación en neurología, manejo del dolor crónico y salud mental. Su eficacia depende de factores como la dosis, la calidad del producto y las condiciones individuales de los pacientes.
En el tratamiento del dolor crónico con componente neuropático, el CBD muestra un efecto moderado al actuar sobre vías del dolor y el estrés. Sin embargo, no supera la eficacia de analgésicos potentes en casos de dolor inflamatorio puro. La respuesta al tratamiento varía entre pacientes, por lo que no se recomienda sustituir terapias médicas establecidas sin supervisión profesional.
La evidencia más sólida respalda su uso en epilepsias resistentes. Un meta-análisis publicado en 2025 reportó una reducción significativa de convulsiones con el uso de CBD purificado en contextos clínicos controlados. Además, se han observado mejoras en parámetros de sueño y aspectos del neurodesarrollo en cohortes amplias, siempre bajo vigilancia de seguridad. Investigaciones preclínicas exploran su potencial neuroprotector y su relación con el eje intestino-cerebro, aunque estos hallazgos no siempre se replican en humanos.
En salud mental, una revisión sistemática de 2024 indicó que el CBD puede reducir síntomas de ansiedad en diversos trastornos, vinculado a su interacción con la señalización serotoninérgica (receptor 5-HT1A). Su efecto en el estado de ánimo es indirecto, al mejorar el sueño y disminuir el estrés, pero no reemplaza tratamientos antidepresivos o terapias psicológicas establecidas.
Otros efectos con evidencia en desarrollo incluyen:
– **Mejora del sueño**: Estudios clínicos reportan reducción de despertares nocturnos y mejor descanso percibido, especialmente en personas con ansiedad. Dosis de 25 a 50 mg diarios durante semanas han sido evaluadas.
– **Efectos antiinflamatorios**: Revisiones recientes sugieren un perfil antiinflamatorio en artritis, aunque la mayoría de los datos provienen de estudios preclínicos.
– **Relajación muscular**: Algunos usuarios reportan reducción de contracturas leves asociadas al estrés, sin equipararse a tratamientos para espasticidad severa.
– **Metabolismo y peso**: Se investiga su posible influencia en el metabolismo energético, pero no existe evidencia clínica suficiente para considerarlo un tratamiento para control de peso.
– **Regulación del apetito**: En pacientes con epilepsia, se ha documentado disminución del apetito como efecto adverso. En otros casos, podría modular el impulso de comer asociado a ansiedad.
– **Microbiota intestinal**: Se estudia su impacto en la inflamación y el estado de ánimo a través del eje intestino-cerebro, con datos principalmente preclínicos.
– **Funciones cognitivas**: Mejoras menores en atención y memoria se han asociado a la reducción de ansiedad y mejor calidad del sueño.
El CBD puede presentar efectos adversos, como somnolencia, molestias digestivas e interacciones farmacológicas con medicamentos metabolizados por el hígado, incluyendo antiepilépticos y anticoagulantes. En aplicaciones neurológicas, se recomienda monitorear enzimas hepáticas y ajustar dosis bajo supervisión médica.
Para garantizar la calidad de un producto de CBD, se debe verificar:
– Certificado de análisis de terceros que confirme el contenido real de CBD.
– Ausencia de contaminantes.
– Diferenciación entre aislado, espectro amplio y espectro completo.
– Evitar productos con afirmaciones no respaldadas por evidencia científica o sin trazabilidad.
Se recomienda consultar a un profesional de salud antes de usar CBD en casos de embarazo, lactancia, enfermedad hepática, polifarmacia, antecedentes psiquiátricos o en menores de edad.
El CBD cuenta con respaldo científico en:
– Neuroprotección para epilepsias específicas.
– Reducción de síntomas de ansiedad.
– Manejo de dolor neuropático, con efectos variables.
Otras áreas, como sueño, inflamación y eje intestino-cerebro, requieren más estudios en humanos para confirmar su eficacia y seguridad.
**REDACCIÓN FV MEDIOS**


